domingo, 25 de junio de 2023

Los tres hermanos


Para los que no la han escuchado o leído, se las dejo aquí.
Había una vez tres hermanos que viajaban a la hora del crepúsculo por una solitaria y sinuosa carretera. Los hermanos llegaron a un río demasiado profundo para vadearlo y demasiado peligroso para cruzarlo a nado. Pero como los tres hombres eran muy diestros en las artes mágicas, no tuvieron más que agitar sus varitas e hicieron aparecer un puente para salvar las traicioneras aguas.
Cuando se hallaban hacia la mitad del puente, una figura encapuchada les cerró el paso. Y la Muerte les habló. Estaba contrariada porque acababa de perder a tres posibles víctimas, ya que normalmente los viajeros se ahogaban en el río. Pero ella fue muy astuta y, fingiendo felicitar a los tres hermanos por sus poderes mágicos, les dijo que cada uno tenía opción a un premio por haber sido lo bastante listo para eludirla.
Así pues, el hermano mayor, que era un hombre muy combativo, pidió la varita mágica más poderosa que existiera, una varita capaz de hacerle ganar todos los duelos a su propietario; en definitiva, ¡una varita digna de un mago que había vencido a la Muerte! Ésta se encaminó hacia un saúco que había en la orilla del río, hizo una varita con una rama y se la entregó.
A continuación, el hermano mediano, que era muy arrogante, quiso humillar aún más a la Muerte, y pidió que le concediera el poder de devolver la vida a los muertos. La Muerte sacó una piedra de la orilla del río y se la entregó, diciéndole que la piedra tendría el poder de resucitar a los difuntos.
Por último, la Muerte le preguntó al hermano menor qué deseaba. Éste era el más humilde y también el más sensato de los tres, y no se fiaba un pelo. Así que le pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que ella pudiera seguirlo. Y la Muerte, de mala gana, le entregó su propia capa invisible.
Entonces la Muerte se apartó y dejó que los tres hermanos siguieran su camino.
Y así lo hicieron ellos mientras comentaban, maravillados, la aventura que acababan de vivir y admiraban los regalos que les había dado la Muerte. A su debido tiempo, se separaron y cada uno se dirigió hacia su propio destino. El hermano mayor siguió viajando algo más de una semana, y al llegar a una lejana aldea buscó a un mago con el que mantenía una grave disputa. Naturalmente, armado con la Varita de Saúco, era inevitable que ganara el duelo que se produjo. Tras matar a su enemigo y dejarlo tendido en el suelo, se dirigió a una posada, donde se jactó por todo lo alto de la poderosa varita mágica que le había arrebatado a la propia Muerte, y de lo invencible que se había vuelto gracias a ella.
Esa misma noche, otro mago se acercó con sigilo mientras el hermano mayor yacía, borracho como una cuba, en su cama, le robó la varita y, por si acaso, le cortó el cuello. Y así fue como la Muerte se llevó al hermano mayor.
Entretanto, el hermano mediano llegó a su casa, donde vivía solo. Una vez allí, tomó la piedra que tenía el poder de revivir a los muertos y la hizo girar tres veces en la mano. Para su asombro y placer, vio aparecer ante él la figura de la muchacha con quien se habría casado si ella no hubiera muerto prematuramente.
Pero la muchacha estaba triste y distante, separada de él por una especie de velo. Pese a que había regresado al mundo de los mortales, no pertenecía a él y por eso sufría. Al fin, el hombre enloqueció a causa de su desesperada nostalgia y se suicidó para reunirse de una vez por todas con su amada.
Y así fue como la Muerte se llevó al hermano mediano.
Después buscó al hermano menor durante años, pero nunca logró encontrarlo. Cuando éste tuvo una edad muy avanzada, se quitó por fin la capa invisible y se la regaló a su hijo. Y entonces recibió a la Muerte como si fuera una vieja amiga, y se marchó con ella de buen grado. Y así, como iguales, ambos se alejaron de la vida.

sábado, 17 de junio de 2023

Comprensión más que conocimiento

En ciertos casos la vida exige mucho más comprensión que conocimiento. Digo esto porque muchas veces las personas por tener un poco más de conocimiento o "creer" que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás. He aquí una gran lección.

COMPRENSIÓN MAS QUE CONOCIMIENTO

En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta: 
-¿Cuántos riñones tenemos?
- ¡Cuatro!, responde el alumno.
- ¿Cuatro?, replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos. 
"Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala", le ordena el profesor a su auxiliar. 
"¡Y para mí un cafecito!", replicó el alumno al auxiliar del maestro.
El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. 
El alumno era el humorista Aparício Torelly, conocido como el Barón de Itararé (1895-1971)
Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro: 
- Usted me preguntó cuántos riñones "tenemos".
"Tenemos" cuatro: dos míos y dos suyos. Porque "tenemos" es una expresión usada para el plural.
"Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto".

martes, 6 de junio de 2023

La cosecha de maíz


Había un agricultor que cultivaba maíz de excelente calidad. Todos los años ganaba el premio al mejor maíz cultivado. 
Un año, un periodista lo entrevistó y aprendió algo interesante sobre cómo lo cultivaba. 
El reportero descubrió que el agricultor compartía su semilla de maíz con sus vecinos. "¿Cómo puede permitirse compartir su mejor semilla de maíz con sus vecinos cuando compiten con el maíz cada año?" preguntó el reportero.
“¿Por qué señor?”, Dijo el granjero, “¿No lo sabía? El viento recoge el polen del maíz en maduración y lo hace girar de un campo a otro. 
Si mis vecinos cultivan maíz inferior, la polinización cruzada degradará constantemente la calidad de mi maíz. Si voy a cultivar un buen maíz, debo ayudar a mis vecinos a cultivar un buen maíz ".
Lo mismo ocurre con nuestras vidas ... Aquellos que quieren vivir bien y con sentido deben ayudar a enriquecer la vida de los demás, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca.

jueves, 1 de junio de 2023

La estrategia de los peces


   En una pequeña laguna vivían tres peces. Un día vieron a un pescador acercándose a la orilla con su red de pesca. Como no tenían tiempo de huir, planearon saltar fuera del agua y hacerse los muertos, para que el pescador suspendiera su jornada de pesca. Uno de ellos pasó a la acción rápidamente, tomó impulso y saltó a los pies del pescador, pero se le olvidó estarse quieto y aguantar la respiración. El hombre, atónito por la rara actitud del pez, lo observó y, ante la sospecha de que pudiera estar enfermo o algo parecido, lo tiró de nuevo al agua, donde este se escondió.
   El segundo pez imitó al primero y, aunque estuvo quieto, no logró aguantar sin respirar. El pescador se extrañó al ver otro ejemplar a sus pies, pero esta vez decidió cogerlo y meterlo en una bolsa. Por suerte para el animal, olvidó cerrarla y el pez, haciendo un gran esfuerzo, pudo escapar y volver al agua.
   Finalmente, el último pez hizo lo mismo que sus compañeros y, además, se estuvo quieto y sin respirar. Pero el pescador, harto ya, lo metió en la bolsa, la cerró bien y se fue a casa a preparar un sabroso plato de pescado. Este relato nos enseña que imitar a otros, aun mejorándolos, no garantiza el mismo resultado. Este depende de las circunstancias y de la suerte.