jueves, 27 de julio de 2023

El profesor y el alumno

Un anciano conoce a un joven quien le pregunta:
- ¿Se acuerda de mí? 
Y el anciano le dice que NO.
Entonces el joven le dice que fue su alumno. 
Y el profesor le pregunta: - ¿Qué estás haciendo, a qué te dedicas?
El joven le contesta: "Bueno, me convertí en Profesor."
- Ah, que bueno ¿como YO? (le dijo el anciano)
- Pues, sí. De hecho, 
me convertí en Profesor porque usted me inspiró a ser como usted.
El anciano, curioso, le pregunta al joven qué momento fue el que lo inspiró a ser Profesor. 
Y el joven le cuenta la siguiente historia:

- “Un día, un amigo mío, también estudiante, llegó con un hermoso reloj, nuevo, y decidí que lo quería para mí y lo robé, lo saqué de su bolsillo. Poco después, mi amigo notó el robo y de inmediato se quejó a nuestro Profesor, que era usted. Entonces, usted se dirigió a la clase:
- El reloj de su compañero ha sido robado durante la clase de hoy. 
El que lo robó, por favor que lo devuelva...
No lo devolví porque no quería hacerlo.
Luego usted cerró la puerta y nos dijo a todos que nos pusiéramos de pie y que iría uno por uno para buscar en nuestros bolsillos hasta encontrar el reloj. 
Pero, nos dijo que cerráramos los ojos, porque lo buscaría solamente si todos teníamos los ojos cerrados. 
Así lo hicimos, y usted fue de bolsillo en bolsillo, y cuando llegó al mío encontró el reloj y lo tomó.
Usted continuó buscando los bolsillos de todos, y cuando terminó, dijo: 'Abran los ojos. Ya tenemos el reloj'. 
Usted no me dijo nada, y nunca mencionó el episodio. 
Tampoco dijo nunca quién fue el que había robado." 
Ese día, usted salvó mi dignidad para siempre. Fue el día más vergonzoso de mi vida. Pero también fue el día que mi dignidad se salvó de no convertirme en ladrón, mala persona, etc. Usted nunca me dijo nada, y aunque no me regañó ni me llamó la atención para darme una lección moral, yo recibí el mensaje claramente. 
Y gracias a usted entendí que esto es lo que debe hacer un verdadero educador. 
¿Se acuerda de ese episodio, Profesor?
Y el Profesor responde: "Yo recuerdo la situación, el reloj robado, que busqué en todos, pero no te recordaba, porque yo también cerré los ojos mientras buscaba..."

Esto es la esencia de la docencia. Si para corregir necesitas humillar; no sabes enseñar.

jueves, 13 de julio de 2023

Cita con la muerte

Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir. 
Hombre culto y juicioso, tenía un joven sirviente, Ahmed, a quien apreciaba mucho. Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado de tenderete en tenderete, se encontró con la Muerte que le miraba con una mueca extraña. 
Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. 
Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenía unos parientes, para de ese modo escapar de la Muerte.
Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra, y se despidió diciéndole que si forzaba un poco la montura podría llegar a Samarra esa misma noche.
 Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco rato encontró a la muerte paseando por los bazares.
– ¿Por qué has asustado a mi sirviente? – preguntó a la Muerte.
– Tarde o temprano te lo vas a llevar, déjalo tranquilo mientras tanto.
– No era mi intención asustarlo -se excusó ella – pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra.

miércoles, 12 de julio de 2023

El zapatero y el hombre rico


Había una vez un zapatero que disfrutaba mucho con su trabajo, pese a que solo le alcanzaba para lo justo. Tenía por vecino a un hombre muy rico, al que le sorprendían los cánticos felices del zapatero, pues vivía en una humilde morada, así que un buen día fue a visitarlo. «¿Cuánto gana al día?», preguntó. «Pues mire, vecino. Por mucho que trabajo solo obtengo unas monedas para vivir con lo justo, por lo que la riqueza no es el motivo de mi felicidad», contestó. «Eso pensé y vengo a contribuir a su felicidad», dijo el hombre, mientras le extendía una bolsa llena de monedas de oro.
   El zapatero no se lo podía creer. Tras agradecer el gesto al hombre rico, guardó con celo su fortuna bajo su cama, pero, a partir de entonces, ante el temor de que pudieran robarle, no dormía bien y su trabajo se vio tan resentido por la falta de sueño y energía que dejó de cantar de felicidad. Así que decidió devolver las monedas a su vecino. «Verá, antes de tener esta fortuna era muy feliz. En cambio, ahora, solo vivo preocupado por proteger mi fortuna y no tengo ni siquiera la tranquilidad para disfrutarla», le dijo al hombre rico, que se quedó muy sorprendido. No obstante, ambos comprendieron el mensaje: que la riqueza material no es garantía de la felicidad.

Que no te falte nunca la empatía

Un ratón mirando por un agujero de la pared, ve al granjero y su esposa abrir un paquete. Quedó aterrorizado al ver que era una trampa para ratones. Fue corriendo al patio a advertirle a todos.
Hay una ratonera en casa!.
La gallina que estaba cacareando y escarbando le dice: "disculpe sr. ratón yo entiendo que es un gran problema para usted pero a mí, no me perjudica en nada", entonces fue hasta el cordero y le dice lo mismo: "disculpe sr. ratón pero no creo poder hacer algo mas que pedir por ud. en mis oraciones", el ratón se dirigió a la vaca y ella le dijo: "¿pero acaso estoy en peligro? pienso que no! dijo la vaca", el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido para encarar a la ratonera del granjero.
Aquella noche se oyó un gran barullo como el de la ratonera atrapando su víctima, la mujer corrió a ver que había atrapado. En la oscuridad ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una serpiente venenosa. La serpiente veloz mordió a la mujer, el granjero la llevo inmediatamente al hospital, ella volvió con fiebre alta.
El granjero para reconfortarla le preparo una nutritiva sopa, agarro el cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina; como la mujer no mejoró los amigos y vecinos fueron a visitarlos, el granjero mató al cordero para alimentarlos, la mujer no mejoró y murió, el esposo vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.
La próxima vez que alguien te cuente su problema y creas que no te afecta por que no es tuyo y no le prestes atención, piénsalo dos veces, el que no vive para servir no sirve para vivir. El mundo no anda mal por la maldad de los malos sino por la apatía de los buenos.
Así que cuando alguien necesite de ti por sus problemas tiéndele la mano o dale una palabra de aliento. 

domingo, 9 de julio de 2023

El huevo vacío

Jeremías nació con un cuerpo deformado 
y una mente lenta. A la edad de 12 años no había 
pasado de 2º grado, y parecía que jamás 
podría aprender nada. 

Con frecuencia su maestra, se exasperaba 
con él porque solía estar en su banco moviéndose, 
babeando, y gruñendo. A veces hablaba claramente, 
como si un rayo de luz hubiera 
penetrado en la oscuridad de su cerebro. 
Pero la mayor parte del tiempo Jeremías 
irritaba a su maestra. 

Cierto día citó a sus padres para hablarles. 
Cuando ellos entraron en el aula vacía, 
la maestra les dijo: “Jeremías verdaderamente 
tiene que asistir a una escuela especial. 
No es bueno para él estar con niños 
más pequeños que no tienen problemas 
de aprendizaje. 
De hecho, tiene un atraso mental 
de cinco años con respecto a los otros alumnos”. 

La mamá lloraba calladamente, 
y mientras su esposo le decía a la maestra: 
“Señorita, no hay ninguna escuela especial aquí. 
Y sería un golpe terrible para Jeremías 
si lo quitáramos de esta escuela. 
A él verdaderamente le gusta estar aquí”. 

La maestra permaneció sentada durante 
un largo rato después que se habían ido 
los padres de Jeremías, contemplando a través 
de la ventana la nieve que caía 
y que parecía enfriarle el alma. 
Quería entender a estos padres. 
Después de todo, su único hijo 
tenía una enfermedad terminal. 
Pero no era bueno tenerle en su clase. 
Había otros 18 niños a los que debía enseñarles, 
y Jeremías sólo los distraía. 
Además, nunca aprendería a leer y escribir. 
¿Por qué malgastar más tiempo con él? 

Mientras pensaba en esto, 
comenzó a sentirse culpable. 
“Aquí estoy, lamentándome por mis problemas, 
que no son nada comparados con los 
de esa pobre familia”, pensó. 
Y también oró: “Señor, ayúdame 
a ser más paciente con Jeremías”. 
Y a partir de ese día trató 
verdaderamente de ignorar 
los ruidos que hacía el niño 
y las hojas en blanco de su cuaderno. 

Un día, Jeremías caminó dificultosamente 
hasta el escritorio de su maestra, 
arrastrando su pierna inútil 
detrás de él. “La amo, Señorita”, 
exclamó lo suficientemente fuerte 
como para que toda la clase lo oyera. 
La maestra se puso roja, especialmente 
al ver los gestos que hacían los otros alumnos. 
Ella alcanzó a tartamudear: 
“Bue… bueno… es muy lindo lo que me dices, 
Jeremías. Ah… ahora, por favor 
vuelve a tu asiento…” 

Pasó el tiempo, llegó la primavera, 
y los niños conversaban animadamente 
acerca de la proximidad de la Pascua. 
La maestra les contó la historia de Jesús, 
y para destacar la idea de que la vida renacería, 
entregó a cada uno de los niños 
un huevo grande de plástico, y les dijo: 
“Quiero que lo lleven a su casa, 
y mañana lo traigan con algo 
dentro que nos enseñe sobre la vida. 
¿Entienden?” “SÍÍÍÍ, Señorita”, 
respondieron entusiasmado todos los niños, 
Excepto Jeremías. Estaba escuchando 
atentamente, sus ojos no se quitaban 
del rostro de la maestra. 
Ni siquiera estaba haciendo sus ruidos habituales. 
¿Habría entendido lo que ella dijo acerca 
de la muerte y la resurrección de Jesús? 
¿Podría hacer la tarea? 
¿Llamaría a sus padres para explicarles 
lo que Jeremías tenía que hacer?. 

Esa tarde tuvo que hacer muchas compras, 
planchar una blusa, preparar la cena, 
y se olvidó completamente de hacer esa llamada. 

Al día siguiente, los 19 alumnos vinieron a clase. 
reían y charlaban mientras ponían 
los huevos de plástico en la canasta vacía 
que estaba sobre el escritorio de su maestra. 
Y al finalizar el período de clases, 
llegó el momento de abrir los huevos. 

En el primero, la maestra encontró una flor. 
“Oh, sí, una flor es señal de una nueva vida”, dijo. 
El siguiente huevo contenía una mariposa 
de plástico, que parecía real. 
Su comentario fue: 
“Todos sabemos que algunas orugas se 
convierten en mariposa. 
Sí, ésta también es una vida nueva”. 

Después abrió otro huevo donde había 
una piedra cubierta de musgo. 
Y explicó que el musgo también era 
una muestra de vida. 

A continuación abrió el cuarto huevo. 
Su respiración se hizo entrecortada 
¡El huevo estaba vacío! 
“Seguramente debe ser de Jeremías”, pensó. 
“No habrá entendido mis instrucciones. 
Si no me hubiera olvidado de telefonear 
a sus padres…” 
Y como no quería que Jeremías se sintiera mal, 
lentamente puso el huevo a un lado y tomó otro. 

Repentinamente Jeremías le dijo: 
“Señorita, ¿no va a hablar acerca del huevo 
que yo traje?”  Nerviosa, le contestó: 
“Pero Jeremías, el huevo está vacío”. 
Y él, mirándole a los ojos le dijo suavemente: 
“Sí, pero también la tumba de Jesús estaba vacía”. 
Pareció que el tiempo se detenía. 
Y cuando pudo hablar nuevamente, 
la maestra le preguntó: 
“¿Sabes por qué la tumba estaba vacía” 
“Oh, sí”, dijo Jeremías. 
“A Jesús lo mataron y lo pusieron allí. 
Pero Su Padre lo resucitó”. 

Sonó la campana, y mientras los niños 
corrían hacia fuera, la maestra se puso 
a llorar, y el hielo de su corazón se derritió. 

Jeremías murió tres meses después. 
Y los que concurrieron a su velatorio 
se sorprendieron al ver 19 huevos 
sobre su ataúd, y todos estaban vacíos.

jueves, 6 de julio de 2023

Los tres consejos

Los tres consejos

Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblecito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa:

- “Querida, yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos, sólo te pido una cosa: que me esperes y, mientras yo esté lejos, me seas fiel, pues yo te seré fiel a ti.”

Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llegó y se ofreció para trabajar y fue aceptado.

Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente:

- “Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme, el señor me libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga, usted me dará el dinero que yo haya ganado."

Estando ambos de acuerdo. Aquel joven trabajo durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.

Después de veinte años se acerco a su patrón y le dijo:

- “Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa.”

El patrón le respondió:

- “Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, sólo que antes quiero hacerte una propuesta, está bien?. Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.”

El pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo: “QUIERO LOS TRES CONSEJOS”


El patrón le recordó: “Si te doy los consejos, no te doy el dinero.”

Y el empleado respondió: “Quiero los consejos.”

El patrón entonces le aconsejó:

- “NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos mas cortos y desconocidos te pueden costar la vida.

- NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL. Pues la curiosidad por el mal puede ser fatal.

- NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR. Pues puedes arrepentirte demasiado tarde."

Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así:

- “Aquí tienes tres panes, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa.”

El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que el tanto amaba. Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto:

- “Para dónde vas?”

Él le respondió:

- “Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.”

La persona le dijo entonces:

- “Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegarás en pocos días”.
El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, “NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y DESCONOCIDOS TE PUEDEN COSTAR LA VIDA”. Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada.

Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer malencarada le abrió la puerta y lo atendió Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir.

De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pié de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. “NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL PUES LA CURIOSIDAD POR EL MAL PUEDE SER FATAL” Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y el le contesto que sí lo había escuchado.

El dueño de la posada de preguntó:

- "¿Y no sintió curiosidad?"

Él le contesto que no. A lo que el dueño les respondió:

- "Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma."

El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola.

Anduvo un poco mas y vio que ella tenía en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó el tercer consejo. “NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES PUEDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE” 
Entonces se paró y reflexionó, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión.

Al amanecer ya con la cabeza fría, él dijo:

- “No voy a matar a mi esposa. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella.”

Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga de su cuello y lo abraza afectuosamente. Él trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue.

Entonces con lágrimas en los ojos le dice:

- “Yo te fui fiel y tú me traicionaste."

Ella espantada le responde:

- “¿Cómo?... Yo nunca te traicioné. Te esperé durante veinte años."

El entonces le preguntó:

- “Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?"

Y ella le contestó:

- “Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad."

Entonces el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa preparaba la cena. Se sentaron a comer el último pan juntos. Después, con lágrimas de emoción, partió el pan, y al abrirlo, se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.

La estrella verde llamada esperanza

Existían millones de estrellas en el cielo, estrellas de todos los colores:

blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas, azules.


Un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le propusieron:

- Señor, nos gustaría vivir en la Tierra, convivir con las personas.

- Así se hará , respondió el Señor.

Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, tal como se ven de lejos, para
que puedan bajar a la Tierra.

Se cuenta que en aquella noche hubo una fantástica lluvia de estrellas.
Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar
y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con
los juguetes de los niños. La Tierra quedó, entonces, maravillosamente
iluminada.

Pero con el correr del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los
hombres y volver al cielo, dejando a la tierra oscura y triste.

- ¿Por qué volvieron? - preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al
cielo.

- Señor, nos fue imposible permanecer en la Tierra, existe allí mucha
miseria, mucha violencia, hay demasiadas injusticias. El Señor les contestó:

- Claro, Ustedes pertenecen aquí, al Cielo. La tierra es el lugar de lo
transitorio, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere.
Nada es perfecto.

El Cielo es el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de la perfección.

Después de que habían llegado gran cantidad de estrellas, Dios verificó la
cantidad y habló de nuevo:

- Nos está faltando una estrella, ¿dónde estará? Un ángel que estaba cerca
replicó:

- Hay una estrella que resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió
que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay
límites, donde las cosas no van bien, donde hay dolor.

- ¿ Qué estrella es esa? volvió a preguntar.

- Es la Esperanza, Señor, la estrella verde. La única estrella de ese color.

Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola; la Tierra
estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón
de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene, y Dios no
necesita retener es la Esperanza. Dios ya conoce
el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel
que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo puede
conocer el porvenir.