viernes, 11 de diciembre de 2020

El divorcio ficticio


Un anciano llama a su hijo en Nueva York y le dice :
"Odio arruinar estos días festivos, pero tengo que decirte que tu madre y yo nos estamos divorciando, 45 años de matrimonio, y tanta miseria ya es suficiente !"
Papá, ¿Qué estás diciendo?
grita el hijo.
No podemos seguir juntos, la convivencia se ha vuelto insoportable, explicó el viejo padre.
"Estamos hartos el uno del otro"
¿ Porqué papá ?,
Si estaban de maravilla la última vez que fui a visitarlos !
!Hijo, ya estoy harto de hablar de esto y es caro hacerlo por teléfono !Por favor avísale de esto a tu hermana a Hong Kong.
Frenético, el hijo llama a su hermana, y esta al enterarse explota en el teléfono.
"Como diablos se están divorciando", ella grita :
"Yo me encargo de esto".
Ella llama a su anciano padre de inmediato, y le grita :
No se divorcien aún.
No hagan una sola cosa hasta
que yo llegue.
Voy a llamar a mi hermano de vuelta y los dos estaremos allí mañana.
Hasta entonces, no hagan nada,
¿ Me oyes?, gritó mientras colgaba el teléfono.
El anciano cuelga el teléfono y se dirige a su esposa.
"Lo logramos Amor, nuestros hijos estarán aquí en Navidad y se pagarán ellos el pasaje, Te amo".

ABRAZA A TUS PADRES MIENTRAS PUEDAS HACERLO, DESPUÉS SOLO PODRÁS ABRAZAR, SOLO LA MADERA QUE LLEVA SU CUERPO A SU TUMBA.

jueves, 10 de diciembre de 2020

Controla tu genio

Un día, un niño entró en su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.
Su mamá , lo llamó, pero él siguió diciendo irritado:
"¡MAMÁ ! ¡TE JURO QUE TENGO MUCHA RABIA!... Pedro NO debió hacer eso conmigo; por eso, espero que todo le vaya mal! !LO ODIO!"

Su MAMÁ , una mujer muy sabia , escuchaba con calma a su HIJO quien continuaba diciendo:
"Imagínate que el estúpido me humilló frente a mis amigos. !NO ACEPTO ESO! Ojalá se enferme para que NO vaya más a la escuela".

La mamá siguió escuchando; se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa de donde cogió un saco lleno de carbón que llevó hasta el final del jardín y le propuso a su hijo lo siguiente:

- "¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedro y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. TÍRALE TODO EL CARBÓN QUE HAY EN EL SACO, HASTA EL ÚLTIMO PEDAZO. Después yo volveré para ver como quedó".

El niño se lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones, pero como el tendedero estaba lejos, pocos carbones acertaron la camisa.
Cuando, la mamá regresó y le preguntó:
- Hijo ¿QUÉ TAL TE SIENTES?
- Cansado, ¡¡pero mejor, mamá!!... Mira acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

La mamá tomó al niño de la mano y le dijo:
- Ven conmigo quiero mostrarte algo.
Lo colocó frente a un espejo en el que pudiera ver todo su cuerpo...
¡QUÉ SUSTO SE DIO! Estaba todo manchado y sólo se le veían los dientes y los ojos.

En ese momento la mamá dijo:
- "HIJO, como pudiste observar la camisa quedó un poco sucia, pero NO es comparable con lo sucio que quedaste tú. El mal que deseas a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que quieras o puedas perturbar la vida de alguien con tus pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en ti.

Asi que:
- CUIDA TUS PENSAMIENTOS, porque se transforman en palabras... 
- CUIDA TUS PALABRAS, porque se transforman en acciones... 
- CUIDA TUS ACCIONES, porque se transforman en hábitos...
- CUIDA TUS HÁBITOS, porque moldean tu carácter.
- ¡¡Y CUIDA TU CARÁCTER, PORQUE DE ÉL DEPENDERÁ TU DESTINO!!

Amor matemático


Un cociente se enamoró de una incógnita. 
Él, cociente, producto de una familia de importantísimos polinomios. 
Ella, una simple incógnita de mezquina ecuación literal. ¡oh! ¡Qué tremenda desigualdad!

Pero como todos saben, el amor no tiene límites y va del más infinito al menos infinito.

Embargado, el cociente la contempló desde el vértice hasta la base, bajo todos los ángulos, agudos y obtusos. 

Era linda, una figura impar que se evidenciaba por: mirada romboidal, boca trapezoidal y senos esféricos en un cuerpo cilíndrico de líneas sinusoidales.

"¿Quién eres?", preguntó el cociente con una mirada radical.

"Soy la raíz cuadrada de la suma de los cuadrados de los catetos, pero puedes llamarme hipotenusa",  contestó ella con expresión algebraica de quien ama.

Él hizo de su vida una paralela a la de ella, hasta que se encontraron en el infinito. 

Y se amaron hasta el cuadrado de la velocidad de la luz, dejando al sabor del momento y de la pasión, rectas y curvas en los jardines de la cuarta dimensión.

Él la amaba y el recíproco era verdadero. 
Se adoraban con las mismas razones y proporciones en un intervalo abierto de la vida.

Luego de tres cuadrantes, resolvieron casarse.

Trazaron planes para el futuro y todos le desearon felicidad integral. 
Los padrinos fueron el vector y la bisectriz.

Todo marchaba sobre ejes. El amor crecía en progresión geométrica. 

Cuando ella estaba en sus coordenadas positivas, concibió un par: al varón, en homenaje al padrino lo bautizaron vector; la niña, una linda abscisa. Ella fue objeto de dos operaciones.

Eran felices, hasta que un día todo se volvió una constante. Fue así que apareció otro. 

Sí, otro. El máximo común divisor, un frecuentador de círculos viciosos. 

Lo mínimo que el máximo ofreció fue de una magnitud absoluta.

Ella se sintió impropia, pero amaba al máximo. 

Al saber de esta regla de tres, el cociente la llamó fracción ordinaria.

Sintiéndose un denominador común, resolvió aplicar la solución trivial: un punto de discontinuidad.

Una lección magistral


"Un anciano se encuentra a un joven quien le pregunta:
- ¿Se acuerda de mí? Y el anciano le dice que NO.
Entonces el joven le dice que fue su alumno.
Y el profesor le pregunta:
- ¿Qué estás haciendo, a qué te dedicas?
El joven le contesta:
- Bueno, me convertí en Profesor.
- Ah, qué bueno ¿cómo YO? (le dijo el anciano)
- Pues, sí.
De hecho, me convertí en Profesor porque usted me inspiró a ser como usted.
El anciano, curioso, le pregunta al joven qué momento fue el que lo inspiró a ser Profesor.
Y el joven le cuenta la siguiente historia:
- Un día, un amigo mío, también estudiante, llegó con un hermoso reloj, nuevo, y decidí que lo quería para mí y lo robé, lo saqué de su bolsillo.
Poco después, mi amigo notó el robo y de inmediato se quejó a nuestro Profesor, que era usted. Entonces, usted se dirigió a la clase:
- El reloj de su compañero ha sido robado durante la clase de hoy.
El que lo robó, por favor que lo devuelva.
No lo devolví porque no quería hacerlo.
Luego usted, cerró la puerta y nos dijo a todos que nos pusiéramos de pie y que iría uno por uno para buscar en nuestros bolsillos hasta encontrar el reloj.
Pero, nos dijo que cerráramos los ojos, porque lo buscaría solamente si todos teníamos los ojos cerrados.
Así lo hicimos, y usted fue de bolsillo en bolsillo, y cuando llegó al mío encontró el reloj y lo tomó.
Usted continuó buscando los bolsillos de todos, y cuando terminó, dijo:
- "Abran los ojos. Ya tenemos el reloj".
Usted no me dijo nada, y nunca mencionó el episodio.
Tampoco dijo nunca quién fue el que había robado el reloj.
Ese día, usted salvó mi dignidad para siempre.
Fue el día más vergonzoso de mi vida.
Pero también fue el día que mi dignidad se salvó de no convertirme en ladrón, mala persona, etc. Usted nunca me dijo nada, y aunque no me regañó ni me llamó la atención para darme una lección moral, yo recibí el mensaje claramente.
Y gracias a usted entendí que esto es lo que debe hacer un verdadero educador.
¿Se acuerda de ese episodio, Profesor?
Y el Profesor responde:
- "Yo recuerdo la situación, el reloj robado, que busqué en todos, pero no te recordaba, porque yo también cerré los ojos mientras buscaba."
Esto es la esencia de la docencia:
Si para corregir necesitas humillar; no sabes enseñar"..

Por qué los perros viven menos que la gente?


Como veterinario, me llamaron para examinar a un perro de 13 años llamado Batuta.
La familia esperaba un milagro.

Examiné a Batuta y descubrí que estaba muriendo de cáncer y que no podía hacer nada...

Batuta estaba rodeado por su familia.
El niño Pedro parecía tan tranquilo, acariciando al perro por última vez, y me preguntaba si entendía lo que estaba pasando. En pocos minutos, Batuta cayó pacíficamente en un sueño para no despertar nunca más.

El niño parecía aceptarlo sin dificultad.
Oí a la mamá preguntándose ;- Por qué la vida de los perros es más corta que la de los seres humanos?

Pedro dijo: ′′ Sé por qué."

La explicación del niño cambió mi forma de ver la vida.

Él dijo :-" La gente viene al mundo para aprender a vivir una buena vida, como amar a los demás todo el tiempo y ser buena persona, eh?! Como los perros ya nacen sabiendo hacer todo esto, no tienen que vivir por tanto tiempo como nosotros." Entendido?

La moraleja de la historia:

Si un perro fuera tu maestro, aprenderías cosas como:

* Cuando tus seres queridos lleguen a casa, siempre corre para saludarlos.

* Nunca dejes pasar la oportunidad para salir a pasear.

* Permite que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro éxtasis!

* Toma siestas, descansa.

* Estírate bien antes de levantarte.

* Corre, salta y juega diariamente.

* Evita ′′ morder ′′ cuando con solo un gruñido sería suficiente.

* En un clima muy caliente, bebe mucha agua y acuéstate bajo la sombra de un árbol frondoso.

* Cuando estés feliz, baila moviendo todo tu cuerpo.

* Disfruta de las cosas simples, de una larga caminata.

* Sé fiel.

* Nunca pretendas ser algo que no eres. Se auténtico!

* Si lo que quieres, está "enterrado ", búscalo, persiste hasta encontrarlo.

* Y nunca olvides:
Cuando alguien esté teniendo un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazlo sentir que estás allí.”

Pre juicio o prejuicio


Su nombre era la Sra. Riveros. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clases lo iniciaba diciendo a los niños una mentira. Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos y les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado: Facundo Moreno.

La Sra. Riveros había observado a Facundo desde el año anterior y había notado que él no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y constantemente necesitaba darse un buen baño. Facundo comenzaba a ser un tanto desagradable. Llegó el momento en que la Sra. Riveros disfrutaba al marcar los trabajos de Facundo con una fibra roja haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.

En la escuela donde la Sra. Riveros enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño, ella dejó el expediente de Facundo para el final. Cuando ella revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa. 

La Maestra de primer grado escribió: “Facundo es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales... es un placer tenerlo cerca".

Su maestra de segundo grado escribió: “Facundo es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil".

La maestra de tercer grado escribió: "Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas".

Su maestra de cuarto grado escribió: “Facundo se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones duerme en clase".

Ahora la Sra. Riveros se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos les llevaron sus regalos del dia del maestro, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Facundo. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que él había tomado de una bolsa de papel. A la Sra. Riveros le dio pánico abrir ese regalo en medio de los otros presentes. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con solo un cuarto de su contenido. Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca. Facundo Moreno se quedó ese día al final de la clase el tiempo suficiente para decir: “Sra. Riveros, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá". Después de que el niño se fue ella lloró por lo menos una hora.

Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir. En lugar de eso, comenzó a educar a los niños.
La Sra. Riveros puso atención especial en Facundo. 

Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido.

Para el final del ciclo escolar, Facundo se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase y a pesar de su mentira de que quería a todos sus alumnos por igual, Facundo se convirtió en uno de los consentidos de la maestra.

Dos años después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Facundo, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cinco años después por las mismas fechas, recibió otra nota de Facundo, ahora escribía diciéndole que había terminado el secundario siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cinco años después, recibió otra carta que decía que a pesar de que en ocasiones las cosas fueron muy duras, se mantuvo en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró a la Sra. Riveros que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida y su favorita.

Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por Dr. Facundo Moreno

La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Facundo ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse. Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a la Sra. Riveros si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto la vieja maestra aceptó y adivinen... 

Ella llegó usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Facundo recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos.
Se dieron un gran abrazo y el Dr. Moreno le susurró al oído, "Gracias Maestra, por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia".

La Sra. Riveros con lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo, “Facundo, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la diferencia.
"No sabía cómo educar hasta que te conocí".

El regalo


Un muchacho pobre, de alrededor de doce años de edad, vestido y calzado de forma humilde, entró en una tienda, eligió un jabón común y le pidió al propietario que se lo envolviera para regalo. 
"Es para mi madre", dijo con orgullo. 

El dueño de la tienda se conmovió ante la sencillez de aquel regalo.

Miró con piedad a su joven cliente y, sintiendo una gran compasión, tuvo ganas de ayudarlo. 

Pensó que podría envolver, junto con el jabón tan sencillo, algún artículo más significativo. Sin embargo, estaba indeciso: miraba al muchacho, miraba los artículos que tenía en su tienda, pero no se decidía. ¿Debía hacerlo o no?.

El corazón decía que sí, pero la mente le decía no.

El muchacho, notando la indecisión del hombre, pensó que estuviera dudando de su capacidad de pagar. Llevó la mano al bolsillo, retiró las moneditas que tenía y las puso en el mostrador. 

Continuaba el conflicto mental. ya había concluido que, si el muchacho pudiera, le compraría algo mucho mejor a su madre. 

Recordó a su propia madre. 

Había sido pobre y muchas veces, en su infancia y adolescencia, también había deseado regalarle algo a su madre. 

Cuando consiguió empleo, ella ya había partido para el mundo espiritual. 

El muchacho, con aquel gesto, estaba tocando lo más profundo de sus sentimientos.

Del otro lado del mostrador, el chico empezó a ponerse ansioso.

En el campo de la emoción, dos sentimientos se entrecruzaban: la compasión del hombre, la desconfianza por parte del muchacho. 

Impaciente, le preguntó: "¿señor, falta algo?" - "No", contestó el propietario de la tienda. "Es que de repente recordé a mi madre.

Ella se murió cuando yo todavía era muy joven. Siempre quise darle un regalo, pero, desempleado, nunca logré comprar nada." 

Con la espontaneidad de sus doce años, el muchacho le preguntó: -

"¿Ni un jabón?" 

El hombre se calló. 

Envolvió el sencillo jabón con el mejor papel que tenía en la tienda, le puso una hermosa cinta de colores y se despidió del cliente sin hacer ningún comentario más.

A solas, se puso a pensar. ¿Cómo nunca se le había ocurrido darle algo pequeño y sencillo a su madre? Siempre había pensado que un regalo tenía que ser algo significativo, tanto que, minutos antes, sintiera piedad de la humilde compra y había pensado en mejorar el regalo adquirido. 

Conmovido, entendió que ese día había recibido una gran lección.

Junto al jabón del muchachito, lo acompañaba algo mucho más importante y grandioso, el mejor de todos los obsequios:
 SU AMOR .

La ley de la caja de Pandora


Es frecuente el escuchar la frase  "fulanito abrio la Caja de Pandora y ahora no la puede cerrar"...pero de donde viene su origen?

Según la mitología griega descrita en la obra poética de Hesíodo llamada Teogonía que significa “origen de los dioses”, el titán Prometeo ero uno de los 12 titanes que habitaban la tierra y era considerado el protector de la humanidad.

 Tal era el amor de Prometeo por la humanidad que provoca la furia Zeus (dios del Olimpo) al robar el fuego a los dioses para entregárselo al hombre.

Frente a la “desobediencia” de Prometeo, Zeus convoca a todos los dioses donde por un lado cada uno entregaba una de sus virtudes para crear a Pandora y por otro lado entregaba una desgracia, un mal, para ser guardado en lo que se llamaría la “caja de Pandora”.

Así los dioses crean a Pandora, la primer mujer para la mitología griega,  Pandora fue enviada junto con la caja con la expresa prohibición de  abrirla, a la tierra de los hombres, para seducir al hermano de Prometeo llamado Epimeteo.

 Epimeteo, a pesar de haber sido advertido de la posible venganza de Zeus hechizado por la belleza y las virtudes de Pandora se enamoró de ella y la tomo por esposa. Pero Pandora traía con ella una caja (que en realidad era una tinaja ovalada pero la historia la recoje con forma de caja) con todos los males que podían contaminar al mundo de desgracias como la muerte, las enfermedades, la hambruna, la locura, el vicio y todas las otras calamidades que aquejan a la humanidad.

Pandora en su ingenuidad y presa de la curiosidad no pudo resistirse a abrir la caja y así dejó escapar sin quererlo todos los males, esparciendolos por toda la tierra, asustada por lo que había hecho cerró rápidamente la caja, pero en su interior sólo quedaba la esperanza, de ahí el dicho de " la esperanza es lo último que se pierde..."

La leyenda del cuarto rey mago


Hay una leyenda que, sin ser parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de nosotros: Se cuenta que había un cuarto Rey Mago ( Artaban), que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla. Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda.
Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno. Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables y no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido
Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la estrella que antes lo guiaba.
Buscó y buscó y buscó… y dicen que estuvo más de treinta años recorriendo la tierra, buscando al Niño y ayudando a los necesitados. Hasta que un día llegó a Jerusalén justo en el momento que la multitud enfurecida pedía la muerte de un pobre hombre. Mirándolo, reconoció en sus ojos algo familiar. Entre el dolor, la sangre y el sufrimiento, podía ver en sus ojos el brillo de la estrella. Aquel miserable que estaba siendo ajusticiado era el Niño que por tanto tiempo había buscado!!
La tristeza llenó su corazón, ya viejo y cansado por el tiempo. Aunque aún guardaba una perla en su bolsa, ya era demasiado tarde para ofrecérsela al Niño que ahora, convertido en hombre, colgaba de una Cruz. Había fallado en su misión... 
Y sin tener a dónde más ir, se quedó en Jerusalén para esperar que llegara su muerte.
Apenas habían pasado tres días cuando una luz aún más brillante que la de la estrella, llenó su habitación. ¡Era el Resucitado que venía a su encuentro! 
El Rey Mago, cayendo de rodillas ante Él, tomó la perla que le quedaba y extendió su mano mientras hacía una reverencia. Jesús le tomó tiernamente y le dijo:
“Tú no fracasaste. Al contrario, me encontraste durante toda tu vida. Yo estaba desnudo, y me vestiste. Yo tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estuve preso, y me visitaste. Pues yo estaba en todos los pobres que atendiste en tu camino. 
¡Muchas gracias por tantos regalos de amor, ahora estarás conmigo para siempre, pues el Cielo es tu recompensa...

Los tres filtros


En la antigua Grecia Sócrates tenía una gran reputación de sabiduría. Un día vino alguien a encontrarse con el gran filósofo, y le dijo:
– ¿Sabes lo que acabo de oír sobre tu amigo?
– Un momento, –respondió Sócrates– antes de que me lo cuentes, me gustaría hacerte una prueba, la de los tres tamices.
– ¿Los tres tamices?
– Sí,-continuó Sócrates– antes de contar cualquier cosa sobre los otros, es bueno tomar el tiempo de filtrar lo que se quiere decir. Lo llamo prueba de los tres tamices. El primer tamiz es la verdad. ¿Has comprobado si lo que me vas a decir es verdad?
– No, sólo lo escuché.
– Muy bien. Así que no sabes si es verdad. Continuamos con el segundo tamiz, el de la bondad. Lo que quieres decirme sobre mi amigo, ¿es algo bueno?
– ¡Ah, no! Por el contrario.
– Entonces, -cuestionó Sócrates– quieres contarme cosas malas acerca de él y ni siquiera estás seguro de que sean verdaderas. Tal vez aún puedes pasar la prueba del tercer tamiz, el de la utilidad. ¿Es útil que yo sepa lo que me vas a decir de este amigo?
– No, en serio.
– Entonces, -concluyó Sócrates– lo que ibas a contarme no es ni cierto, ni bueno, ni útil; ¿por qué querías decírmelo?

Mejoremos para bien  nuestra vida individual y la sociedad cambiará también."

martes, 8 de diciembre de 2020

Todo pasa: lo bueno y lo malo


Una vez, un rey citó a todos los sabios de la corte, y les manifestó:
"Me he mandado hacer un precioso anillo con un diamante con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar oculto dentro del anillo, algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación o desorientación. 

Me gustaría que ése mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de forma tal, que quepa debajo del diamante de mi anillo".

Todos aquellos que escucharon los deseos del Rey. eran grandes sabios, eruditos que podrían haber escrito grandes tratados ... pero ¿pensar en un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo del diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada que se ajustara a los deseos del poderoso Rey.

El rey, tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él, cuando su madre había muerto. Era tratado como de la familia, y gozaba de un enorme respeto de todos.

El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:

"No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje.’

"Cómo lo sabes? preguntó el Rey".

‘Durante mi larga vida en el palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un místico. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó yo lo acompañé hasta la puerta para despedirlo, y como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje".

En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.

- ‘Pero no lo leas. - dijo. Manténlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida a una situación". Ese momento no tardó en llegar El país fue invadido y el rey perdió el reino.

Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa. y frente a él, había un precipicio y un profundo valle, Caer por él, sería fatal. No podía volver atrás porque el enemigo le cerraba el camino.

Podía escuchar el trotar de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.

Fue entonces, cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento.

Simplemente decía:" ÉSTO TAMBIÉN PASARÁ’. Fue en ése momento en que fue consciente de que se cernía sobre él, un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto, es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos. El rey, se sintió profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel. volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente sus ejércitos. y reconquistó su reinado. Ese día en que entraba nuevamente victorioso a su ciudad, hubo una gran celebración con música, bailes... y el rey. se sentía muy orgulloso de sí mismo.

En ése momento, nuevamente el anciano estaba a su lado, y fue cuando le dijo:

"Apreciado rey, ha llegado el momento para que leas nuevamente el mensaje del anillo".

¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy viviendo una situación de euforia, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo".

"Escucha dijo el anciano este mensaje no es únicamente para situaciones desesperadas. También es para situaciones placenteras. No es solo para cuando te sientas derrotado; también es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero".

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "ESTO TAMBIÉN PASARÁ’, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.

Entonces el anciano le dijo:

- "Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche:

Hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas".

jueves, 3 de diciembre de 2020

Los tres pedidos de Alejandro Magno


1) Que su ataúd fuese cargado por los mejores médicos del imperio.

2) Que los tesoros que tenia, fueran esparcidos por el camino hasta su tumba.

3) Que sus manos quedaran en el aire fuera del ataúd a la vista de todos.

Alguien asombrado le preguntó: ¿Cuáles eran sus razones?

El  Emperador explicó:

1) Quiero que los mas eminentes médicos del imperio carguen mi ataúd, para demostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar. 

2) Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros, para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí se quedan.

3) Quiero que mis manos queden descubiertas fuera del ataúd, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos. Al morir nada material te llevas...

Los tres árboles


La historia cuenta que tres árboles en la colina de un bosque, hablaban acerca de sus sueños y esperanzas, el primero dijo: “Algún día seré un cofre de tesoros, lleno de oro, plata y piedras preciosas, decorado con labrados artísticos y tallados finos; todos verán mi belleza”.

El segundo árbol comentó: “algún día seré una poderosa embarcación, llevaré a los más grandes reyes y reinas a través de los mares, e iré a todos los rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza y poderoso casco”.

Finalmente el tercer árbol dijo: “Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los árboles del bosque. La gente me verá en la cima, mirará mis poderosas ramas y pensará en el Dios de los cielos, y cuan cerca estoy de alcanzarlo. Seré el más grande de todos los tiempos y la gente siempre me recordará”.

Después de unos años los árboles vieron que sus sueños podían convertirse en realidad, porque un grupo de leñadores, se acercó a ellos.

Cuando uno de ellos vio al primer árbol dijo: “Este   parece ser muy fuerte, creo que podría vender su madera algún carpintero”, y comenzó a cortarlo. El árbol estaba muy feliz debido a que sabía que este podría convertirlo en un cofre para  tesoros.

El otro leñador, mientras observaba al segundo árbol, comento: “Parece un árbol fuerte creo que lo podré vender al carpintero del puerto”. Este se puso muy feliz porque sabía que estaba en camino de convertirse en una poderosa embarcación.

El último leñador se acercó al tercer árbol; este estaba temeroso, pues sabía que si lo cortaban, su sueño nunca se volvería realidad. El leñador dijo entonces: “No necesito nada especial, lo cortaré, lo guardaré y decidiré que hacer”. Y lo cortó.

El primer árbol, fue convertido en un cajón de comida para animales, y  puesto en un pesebre cubierto de pajas. Se sintió muy mal pues eso no era por lo que había deseado. El segundo árbol fue cortado y convertido en una barca de pesca que se movía en el lago, porque ni siquiera era lo suficientemente grande para navegar en el mar. Sus sueños se desvanecieron al ver que jamás podría llevar a importantes reyes. El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y dejado en la oscuridad de una bodega.

Pasado unos años los árboles olvidaron las alegrías y esperanzas que tanto habían soñado. 

Entonces un día un hombre y una mujer llegaron a un pesebre, ella dio a luz un niño, y lo colocaron dentro del cajón, producto del primer árbol. El hombre deseaba haber podido tener un mejor lugar para su bebé, pero ese cajón debería reemplazarlo. El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que en su interior estaba el tesoro más grande de la historia.
Años más tarde, un grupo de hombres entraron en la barca, aquella en la que habían convertido el segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado y se durmió en ella. Mientras los otros navegaban, se desato una fuerte tempestad, el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar la vida de la tripulación.
 
Despertando, ese hombre que dormía reprendió al viento y a las olas, que cesaron al instante. En ese momento el segundo árbol se dio cuenta de que estaba llevando al Rey de Reyes y  Señor de Señores.

Tiempo después alguien vino y tomó al tercer árbol convertido en tablas. Fue cargado por las calles al mismo tiempo que la gente escupía, insultaba y golpeaba al hombre que lo llevaba sobre sus espaldas. Se detuvieron en una pequeña colina, donde fue clavado y levantado hasta morir. El tercer árbol se dio cuenta que fue lo suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima de la colina y estar tan cerca de Dios como nunca, porque Su hijo Jesús había sido crucificado en él.

MORALEJA:
Cuando parece que las cosas no van de acuerdo a tus planes, debes saber que Dios tiene el plan perfecto para ti. Si pones tu confianza en El, te dará grandes satisfacciones en su tiempo. Recuerda que cada árbol obtuvo lo que pidió, sólo que no en la forma que lo habían deseado. No siempre sabemos cual es la voluntad de Dios para nosotros, sólo sabemos que: 
Aunque Sus caminos no son nuestros caminos...  Sus caminos siempre son los mejores.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Esto es lo que en Sociología se conoce como "Efecto Pigmaleón"



Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora mayor que tiene dos hijos, uno de 19 y una hija de 14.

Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación.

Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
- No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
- Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. El se ríe.

Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le pregunta qué pasó, si era una carambola sencilla, y él contesta:
- Es cierto, pero me he quedado preocupado de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá, feliz con su peso y le dice:
- Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

- ¿Y por qué es un tonto?
- Porque no pudo hacer una carambola sencillísima, según él preocupado con la idea de que su mamá amaneció hoy con el presentimiento de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Y su madre le dice:
- No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

Una pariente que estaba oyendo esto va a comprar carne y le dice al carnicero:
- Deme un kilo de carne, y en el momento que la está cortando, le dice:
- Mejor córteme dos kilos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice:
- Mejor lleve dos, porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la mujer responde:
- Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos.

Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.

Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde alguien dice:

- ¿Se han dado cuenta del calor que está haciendo?
- ¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
- Sin embargo, dice uno, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
- Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.
- Sí, pero no tanto calor como hoy.

En el pueblo todos están alertas, y la plaza desierta, baja de pronto un parajito y se corre la voz:
- Hay un pajarito en la plaza. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.
- Pero señores, dice uno: siempre ha habido pajaritos que bajan aquí.
- Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

- Yo sí soy muy macho, grita uno. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve.

- Hasta que todos dicen:
- Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
- Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado:
- Viste m´hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?

Por eso:
- No hagas caso del rumor.
- No seas un instrumento para crear el caos.
- Lo negativo atrae a lo negativo.
- Sé positivo.
- Tratemos de construir con visión de futuro y no de destruir lo que tenemos.

El barco rojo


Se le pidió a un hombre que pintara un bote. Trajo su pintura, brochas y comenzó a pintar el barco de color rojo como lo solicitó el dueño. Mientras pintaba, notó un pequeño agujero en el casco, y lo reparó. Cuando terminó de pintar, recibió su dinero y se fue. Al día siguiente, el dueño del barco acudió al pintor y le llevó más dinero, mucho más que el primer pago por la pintura. El pintor se sorprendió y dijo: "pero señor, ya me ha pagado por pintar el barco!" A lo que dueño del barco respondió: "Pero esto no es por el trabajo de pintura. Es por reparar el agujero en el barco.

El pintor: Ah! Pero fue un servicio tan pequeño...ciertamente no vale la pena pagarme una cantidad tan alta por algo tan insignificante.

Mi querido amigo comenta el dueño del barco, no lo entiendes. Déjame decirte lo que pasó: 
"Cuando te pedí que pintaras el barco, olvidé mencionar el agujero. Cuando el barco se secó, mis hijos  tomaron el barco y se fueron a pescar. No sabían que había un agujero. Yo no estaba en casa en ese momento. Cuando regresé y noté que habían tomado el barco, estaba desesperado porque recordé que el barco tenía un agujero. Imagina mi alivio y alegría cuando los vi regresar de la pesca. Entonces, examiné el bote y descubrí que habías reparado el agujero! Ves, ahora, lo que hiciste? Salvaste la vida de mis hijos! No tengo suficiente dinero para pagar tu" pequeña " buena acción".

Así que no importa quién, cuándo o cómo, continúa ayudando, sosteniendo, limpiando lágrimas, escuchando atentamente, y reparando cuidadosamente todas las 'fugas' que encuentres. Nunca se sabe cuando  necesitan de nosotros, o cuando Dios tiene una agradable sorpresa para que seamos útiles e importantes para alguien. A lo largo del camino, es posible que hayas reparado numerosos "agujeros de barco” para varias personas, sin darte cuenta de cuántas vidas has salvado.

La Tarea


 
   —No aceptaron mi tarea, abuelo —dijo entristecido el chico de diez otoños.
   —¿Por qué? —preguntó algo molesto el abuelo.
   —Dice la maestra que la vuelva a hacer, porque no es igual a la de los demás. Que no es lo que ella esperaba, y que mi tarea es una locura.
   —¿De qué se trataba la tarea?
   —De escribir en un párrafo y dibujar lo que yo quería ser cuando fuese grande.
   —¿Qué fue lo que escribiste? ¿y qué fue lo que dibujaste?
   El niño le pasó primero el dibujo de un astronauta, y el abuelo sonrió. Y enseguida la hoja con un párrafo de seis líneas de lo que él quería ser: UN ASTRONAUTA. Y en la parte de arriba de ambas hojas se podía ver un enorme “cero”.
   —¿Dijo la profesora alguna otra razón por la cual te puso este cero?
   —Sí.
   —¿Cuál?
   —Que en este pueblo eso es imposible y que nadie jamás de este pueblo ha sido tal cosa. Que desista de ese sueño de película. Que eso solamente se ve en los libros de cuentos. Que ponga los pies sobre la tierra.
   —¿Tú le ves algo malo?
   —No.
   —Entonces, mañana llévale la misma tarea, pero con esta explicación al final. Escribe: «Soy del planeta Tierra. No soy de ningún país, ni de ninguna frontera, porque todo hombre que muere regresa a ser polvo de la tierra, no importa en qué país esté. Todo lo que un hombre es, cualquier otro hombre también puede ser. Lo que necesita es solamente moverse del lugar y mantenerse esforzándose en lo que quiere. Los hombres que imitan a otros no pasan de ser una sombra, pero los que crean cosas nuevas llegan a hacer sombra para otros. Los grandes hombres de la historia se han tenido que marchar de sus pueblos para triunfar en otros. Yo voy a ser astronauta, en este país o en cualquier otro. Yo voy a ser astronauta, crea usted o no crea. Yo voy a ser astronauta, si a mis amigos les gusta o no. Yo voy a ser astronauta algún día. Seré astronauta si usted me vuelve a poner cero…, o no».
   El chico metió la tarea a su mochila y el abuelo le dio otra nota sellada para que se la entregara después de que ella leyera su tarea.
   Al día siguiente la maestra revisó otra vez la tarea. Los ceros llevaban dos líneas encima. Leyó la nota al final de la tarea y se enfureció. Al verla irascible, el chavillo le entregó la nota del abuelo:
   —Mi abuelo dijo que leyera este papel.
   Ella lo abrió y leyó:
   «Usted comete un error, maestra. Mi nieto cree que será astronauta y usted no cree en él. Usted cree en la lealtad de su esposo, y mientras todo el mundo le dice lo contrario, usted sigue creyendo que él es fiel, porque eso la mantiene feliz. Debería de aplicar el mismo ideal con sus alumnos. Aunque todas las circunstancias le digan lo contrario, usted siga creyendo en lo que ellos quieran ser, y eso la mantendrá feliz… Atte.: El Abuelo».
   En la tarde el chico regresó contento con la calificación nueva y le preguntó a su abuelo qué fue lo que escribió en la nota que hizo que la maestra entrara en razón.
   —Algunas personas, hijo, solo necesitan que les abran los ojos un poco para que puedan ver las maravillas que tienen a su alrededor.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Eros y Psique

Cuenta la leyenda que hace muchos años había un rey que tenía tres hijas. Las tres eran bellísimas pero la belleza de la menor, Psique, era sobrehumana. Hasta tal punto que de todas partes acudían a admirarla y comenzaban a adorarla como si de una reencarnación de la diosa Afrodita se tratase.
 
Se pueden imaginar el ataque de celos de la diosa ante la belleza de Psique cuando se da cuenta de que los hombres estaban abandonando sus altares para ir adorar a una simple mortal. No se le ocurre mejor idea que pedir a su hijo Eros que intercediese para poner fin a semejante ofensa.

La idea era que Eros, -al que más tarde, en la mitología romana, conoceremos como Cupido, ¿les suena?, verdad-  le lanzase una de sus flechas que la haría enamorarse del hombre más horrible y ruin que pudiese existir. Pero como se pueden figurar la historia le salió fatal a Afrodita. ¿Por qué? Vayamos poco a poco y veamos primero como era la vida de Psique.

A Psique la belleza no le había traído ninguna felicidad. Los hombres, como ya hemos dicho antes la idolatraban de mil maneras, pero ninguno osaba pedir su mano y esto empezaba a preocupar a sus padres quienes ya habían casado a sus dos hermanas mayores.
 
Tal era la desesperación que intentando buscar la solución correcta no se les ocurrió mejor idea que consultar al Oráculo. Pero lejos de encontrar consuelo lo que el Oráculo predijo fue que Psique se iba a casar en la cumbre de una montaña con un monstruo venido de otro mundo.

Y como nadie osaba cuestionar las predicciones del Oráculo, Psique aceptó su destino y sus padres le llevaron hasta la cima de la montaña donde, llorando, la abandonaron. No se preocupen que la historia a partir de aquí solo puede mejorar.
 
Allí se la encontró  Céfiro, quien lejos de abandonarla a su suerte, la elevó por los aires y la depositó en un profundo valle sobre un lecho de verde césped. Psique extenuada con tantas emociones, se quedó dormida y al despertar se encontró en medio del jardín de un maravilloso Palacio de indescriptible lujo y belleza.  

Cuando penetró en el interior escuchó unas voces que le guiaban y le revelaron que el palacio le pertenecía  y que todos estaban allí para servirla.

El día fue transcurriendo de sorpresa en sorpresa y de maravilla en maravilla. Al atardecer, Psique sintió una presencia a su lado: era el esposo de quien había hablado el Oráculo; ella no lo vio pero no le pareció tan monstruoso como temía.                                    

Su voz era suave y amable y le hacía sentirse muy bien a su lado pero jamás dejó ver su rostro y le advirtió que si le veía le perdería para siempre.
 
Así fueron las cosas a lo largo de las siguientes semanas. Durante el día Psique permanecía sola en Palacio y por la noche su marido se reunía con ella y eran muy felices. 

Pero un día Psique sintió añoranza de su familia y rogó a su esposo que le dejará ir a visitarlos. Tras muchas suplicas, y pese a advertirle de todos los peligros que corría con su partida, su marido accedió y pidió a Céfiro que la llevase a la cumbre de la montaña donde la habían abandonado. Desde allí Psique caminó a su casa.
 
Todos la recibieron con gran alegría pero sus hermanas cuando la vieron tan feliz y abrieron los maravillosos regalos que les había traído, no pudieron contener la envidia y no pararon hasta que la pobre Psique les confesó que jamás había visto a su marido. Se pueden figurar que las maquiavélicas y envidiosas hermanas no descansaron hasta convencer a Psique de la necesidad de descubrir quién era su marido.

Su plan era el siguiente, Psique debía ocultar una lámpara y durante la noche, mientras él dormía, prenderla para así ver su rostro.
 
Y así lo hizo. Psique volvió al palacio en el que vivía con Eros y siguiendo el plan de sus hermanas descubrió que su marido era un joven de gran belleza. Emocionada por el descubrimiento le tembló la mano que sostenía la lámpara, dejando caer una gota de aceite hirviendo sobre su amado. Al sentirse quemado Eros -ese era el monstruo cruel que tenía por marido y al que se había refererido el Oráculo- se despertó y cumpliendo su amenaza huyó en el acto para no volver jamás.
 
Sola y desamparada ,sin la protección de Eros, Psique se dedicó a errar por el mundo perseguida por la cólera de Afrodita que seguía indignada ante tanta belleza. Ninguna divinidad la quiso acoger y finalmente cayó en manos de la diosa que la encerró en su palacio y le atormentó de todas las maneras posibles. 

Hasta le hizo descender a los infiernos en busca de un frasco de agua de Juvencia que debía entregar sin abrir. La curiosidad pudo nuevamente con Psique y cuando abrió el frasco quedó sumida en un profundo sueño, cual bella durmiente.
 
Mientras tanto Eros sufría enormemente pues era incapaz de olvidar a Psique. Cuando supo que estaba sumida en un sueño mágico no lo pudo soportar más, voló hacia ella y la despertó de un flechazo; después subió al Olimpo para rogar a Zeus que le permitiese casarse con ella aunque fuese mortal. Zeus se compadeció de Eros y otorgó la inmortalidad a Psique haciéndole comer Abmbrosía. Después  apaciguó la cólera de Afrodita y ordenó el casamiento de Eros y Psique, que duraría para siempre.

La boda de los dos enamorados se celebró en el Olimpo con gran regocijo.

La muerte y el destino


Un día la muerte pasó por un bosque y ahí encontró a una niña. ¿La niña al verla en su hermoso caballo le preguntó, tú también andas perdida?
La muerte la miró, y con una sonrisa le contestó: Si.
Y tú conoces el camino a casa de regreso?
La niña le contestó: No, pero ahora ya no me siento sola y con miedo porque tú estás conmigo.!!!
La muerte sorprendida
le dijo: no me tienes miedo sabiendo quién soy??
Y la niña tranquilamente le contestó:
si vienes por mi está bien.
Pero solo te pediría un favor.
Y la muerte le contestó: SI.
y cual favor sería?
...la niña con carita triste le respondió: Que salves a mi madre, ella está muy enferma y por eso salí a buscar unas hierbas medicinales al bosque y me perdí, lo que más me preocupa es que si no vuelvo mi mamá se va a morir por la enfermedad y tristeza sin mí, porque estamos solas; en casa papá murió hace un año y desde entonces mamá está a cargo de mí y de la casa ....
¡¡¡La muerte borró su sonrisa y por primera vez sintió pena y tristeza porque ella iba por la niña!!!
Y así siguieron caminando cabalgando hasta llegar al camino que lleva de regreso a casa y antes de salir del bosque, se detuvo y la niña le preguntó:
¿Qué pasa? ¿Por qué no avanzamos?
La muerte le contestó:
porqué hasta aquí llego yo!!!
¿La niña sorprendida le dijo entonces, adónde me llevarás si me voy contigo??
La muerte la miró a sus ojitos y le contestó, no; tú no vas conmigo y tu mamá tampoco !!
solo ve y cuida de ella porque a su tiempo volveré y se irá conmigo ...la niña la tomó de la pierna y mirándola mientras su hermoso corcel relinchaba le dijo:
Gracias, y estaré esperándote feliz porqué sé que no eres mala.
La muerte arreó su caballo y se perdió en la oscuridad del bosque.
Todo llegará en el momento establecido por algo que se llama destino.

P.D.:  La muerte no es mala, es justa en el momento indicado.

Un "zorro" astuto

A los 19 años de edad entró a la prisión acusado de infiltrarse en la inteligencia de los Estados Unidos y robó muchos de los secretos del país.

Por su astucia, fue apodado "el zorro".

Su padre es un anciano que vive solo. Quiere plantar tomates dentro de su jardín, pero no puede con el trabajo por la edad que tiene. Le envía a su hijo preso un mensaje que dice:

“Mi querido hijo, deseaba que estuvieras conmigo para ayudarme a arar el jardín y plantar tomates. Ahora no tengo a nadie que me ayude".

Después de un tiempo, el padre recibió una carta de su hijo diciendo:

"Querido padre, por favor no escarbes en el jardín porque escondí algo importante, y cuando salga de la cárcel te diré lo que es".

No pasó una hora antes del mensaje, la inteligencia y el ejército rodeaban la casa.

Cavaron la tierra metro por metro, removieron todo, pero no encontraron nada y salieron de la casa.

A la semana, una nueva carta llegó hasta la casa del anciano padre. Era su hijo desde la prisión: “Querido padre, espero que la tierra haya sido bien arada por los policías, ahora ya puedes sembrar tus tomates y si necesitas algo más, avísame. No puedo estar contigo, pero haré todo para apoyarte como pueda.”

martes, 10 de noviembre de 2020

Fábula de la luz


El fósforo le dijo a la vela:

• Hoy te encenderé.

• ¡Oh no!, dijo la vela, tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados; no me hagas una maldad de esas.

• ¿Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? ¿Dura, fría y sin haber brillado nunca? preguntó el fósforo.

• ¿Pero tienes que quemarme? Eso duele y además consume todas mis fuerzas, murmuró la vela.

Entonces respondió el fósforo:

• ¡Tienes toda la razón!. Pero esa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo como fósforo puedo hacer es muy poco, mi llama es pequeña y mi tiempo es corto. Pero si te paso mi llama, habré cumplido con el propósito de mi vida; yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego.

Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformará en luz y calor por un buen tiempo.

Oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:

• ¡Por favor, enciéndeme!

Y así produjo una linda y brillante llama.

Así como la vela, a veces, es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento para que lo mejor que tenemos surja, sea compartido y podamos ser LUZ.

Nunca olvides que siempre debemos ser luz... Una luz que guíe, e ilumine a nuestras hermana/os".

viernes, 30 de octubre de 2020

El cofre de los vidrios rotos



     Erase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.  Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le había enturbiado demasiado para hacer una costura recta.
Tenía tres hijos varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana. El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos. 
-No quieren estar conmigo ahora -se decía- porque tienen miedo de que yo me convierta en una carga.
Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.
A la mañana siguiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande. Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo. Por último fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.
El anciano se llevó el cofre a casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos, le echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina. Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con los pies.
-¿Qué hay en ese cofre? preguntaron, mirando bajo la mesa.
-Oh, nada -respondió el anciano-, sólo algunas cosillas que he ahorrado.
Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo.
-Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años -susurraron.
Deliberaron y comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidieron turnarse para vivir con el viejo, y así podrían cuidar también de él. La primera semana el hijo menor se mudó a la casa del padre, y lo cuidó y le cocinó. A la semana siguiente lo reemplazó el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el mayor. Así siguieron por un tiempo. Al fin, el anciano padre enfermó y falleció.
Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues sabían que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo. Cuando terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre. Por supuesto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.
-¡Qué triquiñuela infame! -exclamó el hijo mayor-. ¡Qué crueldad hacia sus hijos!
-Pero, ¿qué podía hacer? -preguntó tristemente el segundo hijo-. Seamos francos. De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus días.
-Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor-. Obligamos a nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos enseñó cuando éramos pequeños. Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera ningún objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los vidrios en el suelo hasta vaciar el cofre. Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro, donde leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo:
"Honrarás a tu padre y a tu madre."

miércoles, 28 de octubre de 2020

Para pensar... y/o actuar



Sucedió en una cátedra de derecho…

Una mañana, cuando nuestro nuevo profesor de «Introducción al Derecho» entró en la clase, lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:
– ¿Cómo te llamas?
– Me llamo Juan, señor.
– ¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! – gritó el desagradable profesor.
Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada…
– ¡Ahora sí!- y preguntó el profesor:
– ¿Para qué sirven las leyes?…
Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta:
– «Para que haya un orden en nuestra sociedad»
– «¡No!».. contestaba el profesor
– «Para cumplirlas»… «¡No!»
– «Para que la gente mala pague por sus actos»… «¡No!
– ¡¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?!»…
– «Para que haya justicia»,… dijo tímidamente una chica…
– «¡Por fin! … Eso es!… para que haya justicia…
Y ahora: ¿para qué sirve la justicia?»…
Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera… Sin embargo, seguíamos respondiendo: «Para salvaguardar los derechos humanos»…]

«Bien,… ¿qué más?», decía el profesor… «Para discriminar lo que está bien de lo que está mal»…
Seguir… «Para premiar a quien hace el bien”…
– Ok, no está mal pero… respondan a esta pregunta: ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?…
Todos nos quedamos callados, nadie respondía.
– Quiero una respuesta decidida y unánime.
– ¡No!… – dijimos todos a la vez.
– ¿Podría decirse que cometí una injusticia?…
– ¡Sí!
– ¿Por qué nadie hizo nada al respecto?… ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica?…
– Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia ….Todos… – ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!
– Vete a buscar a Juan …- dijo mirándome fijamente.

Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de Derecho.
Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la dignidad y la dignidad, no se negocia…

En ocasiones la muerte es una salida y la vida es un calvario?



Cierto día la muerte se dirigía hacia su proximo destino, una señora de edad, madre de cuatro niños a la que la vida la había tratado muy mal pues, ya hace 15 años una hija había sido abusada y asesinada por un depravado que aún estaba con vida.

Al llegar a su destino entró, ahí, donde se encontraba en sus  últimos momentos de vida; la señora al mirar que la muerte había ido por ella dijo:

-"se muy bien que ha llegado mi hora, pero antes, dime, Dios existe"?

La muerte le respondió: 
-pero que clase de pregunta es esa, claro que Dios existe.
Si es así me puedes decir porque hace quince años él permitió que mi hija fuera asesinada después de haber sido violada por ese desquiciado?. Dime tú, acaso no pudiste haberte llevado al maldito en vez de a mi pobre hija que apenas tenía 9 años de nacida?.

La muerte respondió: 
-sabes, nosotras somos dos hermanas, la vida que es mi hermana mayor y yo, la muerte. La vida es una mujer que en ocasiones puede ser muy resentida porque le gusta hacer sufrir a las personas, en cambio yo me considero alguien un poco mas amigable y hasta compasiva.

Como puedes decir eso, dijo Janeth la moribunda, si tu haces sufrir a todos a los que tocas.

La muerte furiosa respondió: 
-en eso te equivocas. 
Yo me llevé a tu hija porque al ser violada estaba sufriendo mucho, yo apacigue su dolor.

-Ah, sí; y porque a pesar de que han pasado ya quince años no te has llevado aún al maldito que violó a mi niña? -preguntó furiosa, Janeth.

-eso es muy fácil de responder dijo la muerte pues, mi hermana no me dejó, ella estaba furiosa y quiso vengarse.

Pues si yo me lo hubiera llevado,  el no hubiera pagado por lo que hizo, e incluso tu debes saber que al poco tiempo de llegar a la cárcel fue violado por todos y cada uno de los presos que allí se encontraban, y eso es solo el principio pues, han pasado 15 largos años y te aseguro que en cientos de ocasiones me ha pedido que lo mate; pero mi hermana la vida no me ha dejado, pues siempre me dice que aún no paga todo el daño que hizo.

Ahora lo entiendo dijo Janeth con un poco de conformidad en su voz, pero dime, preguntó:  
-si tu eres tan bondadosa, porque decidiste dejarme sufriendo en vida con el dolor de ya no tener a mi hija en mis brazos, y aún peor sabiendo como fueron sus últimas horas de vida.
 
La muerte le dijo: 
-porque aún te quedaban tres hijos a los que tenías que proteger, y ahora te llevo porque ya tu labor como madre esta cumplida. 

Janeth se sintió por primera vez en quince años en paz y murió tranquila y con una sonrisa en el rostro, pues al final de su vida comprendió que: EN OCASIONES LA MUERTE ES UNA SALIDA Y LA VIDA ES UN CALVARIO.