miércoles, 18 de octubre de 2023

El peso del rencor

Érase una vez una hormiga que iba canturreando cargada con un enorme fruto silvestre cuando un escarabajo le cerró el paso riéndose de su carga y de su trabajo. No era la primera vez que lo hacía. La hormiga no le hizo caso, bordeó al escarabajo y siguió andando. Días después, el escarabajo quedó atrapado en la resina pegajosa de un árbol y pidió ayuda. Algunos animales, que habían sido víctimas de sus burlas y sus malos modales, no se acercaron. La hormiga, sin embargo, le tendió una larga brizna de hierba y el escarabajo pudo librarse de la resina. Agradecido, el insecto le preguntó por qué lo había ayudado si siempre se burlaba de las cargas pesadas que la hormiga llevaba. Entonces, esta respondió: «Puedo cargar hasta 20 veces mi propio peso, pero hay una carga demasiado pesada para mí que no puedo ni quiero cargar: el rencor. Por eso intento que este jamás se quede sobre mi espalda, pues la necesito para transportar cosas que son muy importantes para mi supervivencia». El escarabajo, muy avergonzado, cambió su actitud a partir de entonces.
   Recuerda siempre que guardar rencor es como agarrar un carbón ardiendo y resistirse a soltarlo. El único que se quema eres tú.

lunes, 16 de octubre de 2023

El anciano solitario

Allí estaba...sentado, el anciano miraba a la nada...Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto, que me fue difícil acercarme a preguntarle, o siquiera consolarlo... Por el frente de su casa pasé mirándolo, al voltear su mirada la fijó en mi, le sonreí, lo saludé con un gesto, aunque no crucé la calle...no me animé, no lo conocía y si bien entendí que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad, seguí mi camino, sin convencerme de estar haciendo lo correcto...en mi camino guardé la imágen, la de su mirada encontrándose con la mia...traté de olvidarme, caminé rápido, como escapándome, compré un libro, y ni bien llegué a mi casa, comencé a leerlo, esperando que el tiempo borrara esa presencia, pero esa lágrima no se borraba...
Los viejos no lloran así por nada, me dije...esa noche me costó dormir, la conciencia no entiende de horarios, y decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con el, tal como entendí que me lo había pedido... Luego de vencer mi pena logré dormir...
Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas, y muy de prisa fui a su casa convenciendo de tener mucho por conversar...
Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras, y salió otro hombre... que desea? preguntó, mirándome con un gesto adusto...busco al anciano que vive en esta casa...mi padre murió ayer por la tarde... dijo entre lágrimas... murió?, dije decepcionado...las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedeciero...Y usted quien es? volvió a preguntar..
En realidad nadie...contesté, y agregué... ayer pasé por la puerta de su casa y estaba su padre sentado, vi que lloraba, y, a pesar de que lo saludé, no me detuve a preguntarle que es lo que le sucedía... hoy volví para hablar con el, pero veo que es tarde...
No me lo va a creer, pero usted es la persona de quien hablaba en su diario...
Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicaciones...Por favor, pase, me dijo aún sin contestarme...
Luego de servir un poco de café, me llevó hasta donde estaba su diario, y la última hoja rezaba...
Hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable...hoy es un día bello....!!!!!

La urraca Adelfa

Había una vez una joven urraca llamada Adelfa la cual tenía una forma de ser muy diferente a su parvada que le decía que era muy andariega y, por lo tanto, no tendría compañero para formar una familia; esto le era indiferente pues se sabía libre y no iba a cambiar su forma de ser para complacer a los demás. Era fiel a su personalidad, con decir que, en esos andares, conoció a quien sería su único y mejor amigo, un viejo perro de raza labrador llamado Cleofás.

Cleofás todos los días la invitaba a almorzar; ahí tenía a su disposición agua limpia y un plato rebosado de croquetas, su comida favorita. El perro siempre estaba feliz de que lo visitara pues le gustaba escuchar las mil historias que le contaba de su largo recorrido.

- ¡Qué bueno que llegaste! ¡Ahora sí termíname de contar de tu recorrido por el bosque! -Le dijo Cleofás lleno de júbilo.

-Te cuento que, esta vez, la señora coneja tuvo una gran camada y el señor conejo está muy mortificado. ¿Ahora cómo le va a hacer para mantener a tantos hijos? El señor castor está deprimido e inconsolable, al parecer se le quebró uno de sus dientes, ya no va a poder trabajar igual -Y así, sucesivamente, le platicaba a su querido amigo el andar de su vida cotidiana.

- ¡Ay! Cómo me gustaría poder volar o siquiera salir a conocer otras partes. Suspiraba melancólico el perro.

- ¿Y por qué no lo haces? Vives encerrado, no tienes con quién jugar o platicar, salvo en las mañanas en que vengo a conversar contigo y eso antes de que salga la loca de tu dueña y me corra a escobazos; ella cree que te estoy robando tu comida, lo que no sabe que eres tan dadivoso que tú mismo me la ofreces.

-Te confieso que a veces tengo miedo por ti, la vez pasada casi te alcanza la escoba y después que te vas me regaña por qué no defiendo mi comida.

- ¡Ya lo sé, me grita diciéndome hurraca ratera y desvergonzada, cree que te la robo!

-Sí, ja, ja, ja, ella no sabe que, hace tiempo, somos amigos; si no fuera por tu compañía mi vida sería muy triste. De verdad, aunque mi dueña es buena y me quiere, no puedo hablar con ella y decirle que me siento viejo y cansado sin ánimos de nada -dijo Cleofás a punto de llorar.

-No digas eso amigo, te ves sano y fuerte, vas a ver qué vas a vivir muchos años, además, tu dueña te quiere, aunque no sabe cómo demostrarlo.

Al paso del tiempo el perro enfermó de un mal mortal llamado “moquillo”. Dejó de beber y comer y su cuerpo se inmovilizó por completo. Su dueña no sabía que decisión tomar, ya que el veterinario le había dicho que en esas condiciones solo quedaba esperar el final, no lo pudo soportar y pidió que fuera dormido o, como muchos dicen, darle una muerte piadosa.

Así fue como el viejo Cleofás emprendió el viaje sin retorno. La urraca, que aún no sabía la suerte de su querido amigo, día tras día iba a visitarlo, pero ni rastros de él; sólo su collar colgaba del árbol y el plato vacío por días enteros hasta que, por fin, una paloma que vivía en el interior de un pino de esa casa se compadeció de ella y le dijo:

-Si buscas a tu amigo, te tengo malas noticias: hace días se lo llevaron muy enfermo, pero ya no regresaron con él, al parecer murió, pues he visto que su dueña por las tardes viene y llora bajo la sombra del árbol.

- ¡No puede ser, ni siquiera nos despedimos, él era mi único amigo y ha muerto! -Adelfa lloraba inconsolable.

De verdad le dolía el deceso de su amigo, lo que la consolaba un poco es que él ya no se sintió tan solo y que ella le mostró lugares que jamás conocería pues, aunque era querido, siempre estuvo limitado al perímetro de la granja y deseando desde el fondo de su corazón ser libre.

Una tarde soleada, Adelfa encontró un pedazo de pan en el estacionamiento de un supermercado. Contenta lo comía pues ahora era más difícil conseguir alimentarse. En eso, un ratoncito se acercó cautelosamente a recoger las migajas que caían del pan, iba y venía con miedo y precaución, no vaya a ser que a la urraca se le antojara mejor comer carne. Al ver la intención del ratón, Adelfa cortó un pedazo y se lo llevó al ratón, el cual, estaba escondido al otro extremo de la calle porque sabía que estaba hambriento y no desistiría hasta haber comido siquiera un bocado. El ratón salió de su escondite y se lo llevó rápidamente. Adelfa se alejó volando y pensando en las palabras de su querido amigo.

“No te hace más pobre sí se comparte un poco de lo que se tiene, pues algunos tienen mucho, otros lo indispensable y los menos afortunados no tienen nada; a esos son a los que debemos ayudar porque están a la gracia de Dios y eso se llama, querida amiga, ayudar a tu prójimo”. -Adelfa, siempre recordaba lo generoso que Cleofás fue con ella pues todo se lo compartió y dijo en voz alta como si su amigo pudiera escucharla.

- Eso es lo que hice hoy, ayudar a mi prójimo.

Como ya era costumbre no dejaba de visitar la casa de su amigo, imaginando que aún seguía ahí; algo loco, pensaba, pues su ilusión era verlo una vez más. Era tanto su anhelo que el cielo se compadeció y se lo concedió, pero de diferente manera: Un cachorro de escasos 3 meses asomó su cabecita por la puerta entreabierta de la entrada de la casa. Desde adentro se escuchó el grito de la dueña diciendo: ¡Cleofás, perrito desobediente, ven acá, te dije que no te salieras!

Adelfa miraba incrédula, ese cachorro era el vivo retrato su querido amigo. Ya no estaría sola y dijo rebosante de felicidad:

- ¡Ojalá acepte ser mi amigo!

Y colorín colorado este cuento se ha acabado y una nueva amistad ha empezado.


domingo, 17 de septiembre de 2023

Reflejo de la vida


Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada de un pueblo. Un día pasó un joven, se acercó y le preguntó lo siguiente:

-Nunca he venido por estos lugares, ¿cómo es la gente de esta ciudad?

El anciano le respondió con otra pregunta:

-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?

-Egoístas y malvados, por eso estoy contento de haber salido de allá.

-Así son los habitantes de esta ciudad, -le respondió el anciano.

Un poco después, pasó otro joven, se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:

-Voy llegando a este lugar, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano le respondió de nuevo con la misma pregunta:

-¿Cómo son los habitantes de la ciudad de donde vienes?

-Eran buenos y generosos, hospitalarios, honestos y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.

-También los habitantes de esta ciudad son así, -respondió el anciano.

Un hombre que había llevado sus animales a beber agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano:
-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta realizadas por dos personas?

-Mira -respondió el anciano-, cada persona lleva el universo en su corazón. 

Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, también aquí encontrará amigos fieles y leales. Porque las personas son lo que encuentran en sí misma, encuentran siempre lo que esperan encontrar.

martes, 12 de septiembre de 2023

La oruga y el escarabajo

Un bonito relato que nos hace meditar sobre la naturaleza y como los seres humanos necesitamos fortalecernos ante el objetivo, que es vencer los obstáculos que el mundo nos pone. Espero les guste.

Un pequeño gusano caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes. “¿Hacia dónde te diriges?”, le preguntó. Sin dejar de caminar, la oruga contestó: “Tuve un sueño anoche: soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo”.
Sorprendido, el saltamontes dijo mientras su amigo se alejaba: “¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga!. Una piedra será para ti, una montaña; un pequeño charco, un mar y cualquier tronco, una barrera infranqueable”.
Pero el gusano ya estaba lejos y no lo escuchó, y su diminuto cuerpo no dejó de moverse. De pronto se oyó la voz de un escarabajo: “¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?”. Sudando ya el gusano, le dijo jadeante: “Tuve un sueño y deseo realizarlo; subir a esa montaña y desde ahí contemplar todo nuestro mundo”.
El escarabajo soltó una carcajada y dijo: “Ni yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso”. Y se quedó en el suelo tumbado mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor le aconsejaron desistir: “¡No lo lograrás jamás!”. Pero...  intrigado el escarabajo por la curiosidad, lo siguió de cerca sin que el gusano se percatara, hasta que se le dio por entablar una amistad y empezaron charlando horas y horas. El escarabajo estaba consciente de que su amigo era muy limitado en movilidad, tenía una visibilidad muy restringida y era muy tranquilo comparado con los de su especie. El gusano estaba muy consciente de que su amigo venía de otro ambiente, comía cosas que le parecían desagradables y era muy acelerado para su estándar de vida, tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez
Un día, la compañera del escarabajo le cuestionó la amistad hacia el gusano. ¿Cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro de alguien que no conocía? A lo que él respondió que el gusano estaba limitado en sus movimientos. ¿Por qué seguía siendo amigo de un insecto que no le regresaba los saludos efusivos que el escarabajo hacía desde lejos? Esto era entendido por él, ya que sabía de su limitada visión, muchas veces ni siquiera sabía que alguien lo saludaba y cuando se daba cuenta, no distinguía si se trataba de él para contestar el saludo, sin embargo calló para no discutir. Fueron muchas las respuestas que en el escarabajo buscaron para cuestionar la amistad con el gusano, que al final, éste decidió poner a prueba la amistad alejándose un tiempo para esperar que el gusano lo buscara.
Pasó el tiempo y la noticia llegó: el gusano estaba muriendo, pues su organismo lo traicionaba por tanto esfuerzo, cada día emprendía el camino para llegar hasta su amigo y la noche lo obligaba a retornar hasta su lugar de origen. El escarabajo decidió ir a ver sin preguntar a su compañera qué opinaba.
En el camino varios insectos le contaron las peripecias del gusano por saber qué le había pasado a su amigo. Le contaron de cómo se exponía día a día para ir a dónde él se encontraba, pasando cerca del nido de los pájaros. De cómo sobrevivió al ataque de las hormigas y así sucesivamente.
Llegó el escarabajo hasta el árbol en que yacía el gusano esperando pasar a mejor vida. Al verlo acercarse, con las últimas fuerzas que la vida le daba, le dijo cuánto le alegraba que se encontrara bien. Sonrió por última vez y se despidió de su amigo sabiendo que nada malo le había pasado.
Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. “Estaré mejor”, fue lo último que dijo, y murió.
Todos los animales del valle fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo, que había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, de pronto quedaron atónitos, aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta, poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos.
Una mariposa, no hubo nada que decir, todos sabían lo que pasaría, se iría volando hasta la gran montaña y realizaría su sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado.
El escarabajo avergonzado de sí mismo, por haber confiado su amistad en otros oídos que no eran los suyos, había perdido muchas horas de regocijo que las pláticas con su amigo le proporcionaban. Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo que él era, era su amigo, a quien respetaba y quería no tanto por la especie a la que pertenecía sino porque le ofreció su amistad
El escarabajo murió después de un tiempo. Nunca se le escuchó quejarse de quien mal le aconsejó, pues fue decisión propia el poner en manos extrañas su amistad, solo para verla escurrirse como agua entre los dedos

domingo, 20 de agosto de 2023

El joven y el cura

Un joven llega con el cura y dice:

- Padre no iré más a la Iglesia!
El sacerdote respondió:
- Pero por qué?

El joven respondió:
- Veo a la hermana que habla mal de otra hermana; el hermano que no lee bien; el grupo de canto que vive desafinando; las personas que durante la misa miran el celular, entre tantas y tantas otras cosas malas que veo hacer en la iglesia.

Le dice el sacerdote:
- Muy bien, pero antes quiero que me hagas un favor: toma un vaso lleno de agua y da tres vueltas por la iglesia sin derramar una gota de agua en el suelo. Después de eso, puedes salir de la iglesia.

Y el joven pensó: muy fácil!
Y dio las tres vueltas como le pidió el padre. Cuando terminó dijo:
- Listo, padre.

Y el cura respondió:

- Cuando estabas dando vueltas con el vaso lleno de agua, viste a la hermana hablar mal de la otra?
El joven:
- No

Viste a la gente quejarse entre sí?
El joven:
- No

Viste a alguien mirando celular?
El joven:
- No

Sabes por qué? Estabas concentrado en el vaso para no tirar el agua.

Lo mismo es en nuestra vida. Tomando este ejemplo, cuando nuestro enfoque está dirigido hacia nuestro Señor Jesucristo, no tendremos tiempo de ver los errores de la gente.

Quién sale de la iglesia por causa de la gente, nunca entró por Jesús.

P.D.  Aplícalo en toda tu vida, aunque no seas creyente, quédate con el mensaje. Enfócate en tus metas e ignora lo que los otros hacen y llegarás a donde quieres llegar.

miércoles, 16 de agosto de 2023

El león y sus consejeros


El león, que nunca se había distinguido por su buen carácter, tenía el día cruzado. Iba paseando por la selva en busca de comida cuando se cruzó con una mofeta pendenciera, que se preciaba de no haber perdido ni una sola pelea con cualquier animal, por peligroso que fuese. Tras intercambiar dos o tres frases, el león y la mofeta perdieron los estribos y se enzarzaron en una disputa. El felino levantó su enorme zarpa y, a punto estuvo de asestar un fatal golpe a su presa, cuando la mofeta lo roció con su fétido líquido. El león huyó con el rabo entre las patas y más airado que nunca. Tras pasar varios días vagabundeando por la selva para ver si aquel insoportable olor desaparecía, decidió pedir consejo a sus tres animales de confianza.
   «Amigo oso, ¿crees que huelo mal?». Sospechando que esperaba una respuesta sincera, le dijo: «Hueles realmente mal». Y el rey de la jungla lo desterró de ella. Llegó el turno del lobo quien, creyendo saber lo que deseaba oír el león, susurró: «Oléis a rosas». El león no soportó semejante engaño y el pobre lobo corrió la misma suerte que su antecesor. Solo quedaba consultar al zorro que, sabiendo lo sucedido, se excusó: «Estoy tan resfriado que no puedo oler nada». Sabia decisión, pues cuando es peligroso hablar, lo mejor es callar.

jueves, 27 de julio de 2023

El profesor y el alumno

Un anciano conoce a un joven quien le pregunta:
- ¿Se acuerda de mí? 
Y el anciano le dice que NO.
Entonces el joven le dice que fue su alumno. 
Y el profesor le pregunta: - ¿Qué estás haciendo, a qué te dedicas?
El joven le contesta: "Bueno, me convertí en Profesor."
- Ah, que bueno ¿como YO? (le dijo el anciano)
- Pues, sí. De hecho, 
me convertí en Profesor porque usted me inspiró a ser como usted.
El anciano, curioso, le pregunta al joven qué momento fue el que lo inspiró a ser Profesor. 
Y el joven le cuenta la siguiente historia:

- “Un día, un amigo mío, también estudiante, llegó con un hermoso reloj, nuevo, y decidí que lo quería para mí y lo robé, lo saqué de su bolsillo. Poco después, mi amigo notó el robo y de inmediato se quejó a nuestro Profesor, que era usted. Entonces, usted se dirigió a la clase:
- El reloj de su compañero ha sido robado durante la clase de hoy. 
El que lo robó, por favor que lo devuelva...
No lo devolví porque no quería hacerlo.
Luego usted cerró la puerta y nos dijo a todos que nos pusiéramos de pie y que iría uno por uno para buscar en nuestros bolsillos hasta encontrar el reloj. 
Pero, nos dijo que cerráramos los ojos, porque lo buscaría solamente si todos teníamos los ojos cerrados. 
Así lo hicimos, y usted fue de bolsillo en bolsillo, y cuando llegó al mío encontró el reloj y lo tomó.
Usted continuó buscando los bolsillos de todos, y cuando terminó, dijo: 'Abran los ojos. Ya tenemos el reloj'. 
Usted no me dijo nada, y nunca mencionó el episodio. 
Tampoco dijo nunca quién fue el que había robado." 
Ese día, usted salvó mi dignidad para siempre. Fue el día más vergonzoso de mi vida. Pero también fue el día que mi dignidad se salvó de no convertirme en ladrón, mala persona, etc. Usted nunca me dijo nada, y aunque no me regañó ni me llamó la atención para darme una lección moral, yo recibí el mensaje claramente. 
Y gracias a usted entendí que esto es lo que debe hacer un verdadero educador. 
¿Se acuerda de ese episodio, Profesor?
Y el Profesor responde: "Yo recuerdo la situación, el reloj robado, que busqué en todos, pero no te recordaba, porque yo también cerré los ojos mientras buscaba..."

Esto es la esencia de la docencia. Si para corregir necesitas humillar; no sabes enseñar.

jueves, 13 de julio de 2023

Cita con la muerte

Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir. 
Hombre culto y juicioso, tenía un joven sirviente, Ahmed, a quien apreciaba mucho. Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado de tenderete en tenderete, se encontró con la Muerte que le miraba con una mueca extraña. 
Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. 
Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenía unos parientes, para de ese modo escapar de la Muerte.
Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra, y se despidió diciéndole que si forzaba un poco la montura podría llegar a Samarra esa misma noche.
 Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco rato encontró a la muerte paseando por los bazares.
– ¿Por qué has asustado a mi sirviente? – preguntó a la Muerte.
– Tarde o temprano te lo vas a llevar, déjalo tranquilo mientras tanto.
– No era mi intención asustarlo -se excusó ella – pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra.

miércoles, 12 de julio de 2023

El zapatero y el hombre rico


Había una vez un zapatero que disfrutaba mucho con su trabajo, pese a que solo le alcanzaba para lo justo. Tenía por vecino a un hombre muy rico, al que le sorprendían los cánticos felices del zapatero, pues vivía en una humilde morada, así que un buen día fue a visitarlo. «¿Cuánto gana al día?», preguntó. «Pues mire, vecino. Por mucho que trabajo solo obtengo unas monedas para vivir con lo justo, por lo que la riqueza no es el motivo de mi felicidad», contestó. «Eso pensé y vengo a contribuir a su felicidad», dijo el hombre, mientras le extendía una bolsa llena de monedas de oro.
   El zapatero no se lo podía creer. Tras agradecer el gesto al hombre rico, guardó con celo su fortuna bajo su cama, pero, a partir de entonces, ante el temor de que pudieran robarle, no dormía bien y su trabajo se vio tan resentido por la falta de sueño y energía que dejó de cantar de felicidad. Así que decidió devolver las monedas a su vecino. «Verá, antes de tener esta fortuna era muy feliz. En cambio, ahora, solo vivo preocupado por proteger mi fortuna y no tengo ni siquiera la tranquilidad para disfrutarla», le dijo al hombre rico, que se quedó muy sorprendido. No obstante, ambos comprendieron el mensaje: que la riqueza material no es garantía de la felicidad.

Que no te falte nunca la empatía

Un ratón mirando por un agujero de la pared, ve al granjero y su esposa abrir un paquete. Quedó aterrorizado al ver que era una trampa para ratones. Fue corriendo al patio a advertirle a todos.
Hay una ratonera en casa!.
La gallina que estaba cacareando y escarbando le dice: "disculpe sr. ratón yo entiendo que es un gran problema para usted pero a mí, no me perjudica en nada", entonces fue hasta el cordero y le dice lo mismo: "disculpe sr. ratón pero no creo poder hacer algo mas que pedir por ud. en mis oraciones", el ratón se dirigió a la vaca y ella le dijo: "¿pero acaso estoy en peligro? pienso que no! dijo la vaca", el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido para encarar a la ratonera del granjero.
Aquella noche se oyó un gran barullo como el de la ratonera atrapando su víctima, la mujer corrió a ver que había atrapado. En la oscuridad ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una serpiente venenosa. La serpiente veloz mordió a la mujer, el granjero la llevo inmediatamente al hospital, ella volvió con fiebre alta.
El granjero para reconfortarla le preparo una nutritiva sopa, agarro el cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina; como la mujer no mejoró los amigos y vecinos fueron a visitarlos, el granjero mató al cordero para alimentarlos, la mujer no mejoró y murió, el esposo vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.
La próxima vez que alguien te cuente su problema y creas que no te afecta por que no es tuyo y no le prestes atención, piénsalo dos veces, el que no vive para servir no sirve para vivir. El mundo no anda mal por la maldad de los malos sino por la apatía de los buenos.
Así que cuando alguien necesite de ti por sus problemas tiéndele la mano o dale una palabra de aliento. 

domingo, 9 de julio de 2023

El huevo vacío

Jeremías nació con un cuerpo deformado 
y una mente lenta. A la edad de 12 años no había 
pasado de 2º grado, y parecía que jamás 
podría aprender nada. 

Con frecuencia su maestra, se exasperaba 
con él porque solía estar en su banco moviéndose, 
babeando, y gruñendo. A veces hablaba claramente, 
como si un rayo de luz hubiera 
penetrado en la oscuridad de su cerebro. 
Pero la mayor parte del tiempo Jeremías 
irritaba a su maestra. 

Cierto día citó a sus padres para hablarles. 
Cuando ellos entraron en el aula vacía, 
la maestra les dijo: “Jeremías verdaderamente 
tiene que asistir a una escuela especial. 
No es bueno para él estar con niños 
más pequeños que no tienen problemas 
de aprendizaje. 
De hecho, tiene un atraso mental 
de cinco años con respecto a los otros alumnos”. 

La mamá lloraba calladamente, 
y mientras su esposo le decía a la maestra: 
“Señorita, no hay ninguna escuela especial aquí. 
Y sería un golpe terrible para Jeremías 
si lo quitáramos de esta escuela. 
A él verdaderamente le gusta estar aquí”. 

La maestra permaneció sentada durante 
un largo rato después que se habían ido 
los padres de Jeremías, contemplando a través 
de la ventana la nieve que caía 
y que parecía enfriarle el alma. 
Quería entender a estos padres. 
Después de todo, su único hijo 
tenía una enfermedad terminal. 
Pero no era bueno tenerle en su clase. 
Había otros 18 niños a los que debía enseñarles, 
y Jeremías sólo los distraía. 
Además, nunca aprendería a leer y escribir. 
¿Por qué malgastar más tiempo con él? 

Mientras pensaba en esto, 
comenzó a sentirse culpable. 
“Aquí estoy, lamentándome por mis problemas, 
que no son nada comparados con los 
de esa pobre familia”, pensó. 
Y también oró: “Señor, ayúdame 
a ser más paciente con Jeremías”. 
Y a partir de ese día trató 
verdaderamente de ignorar 
los ruidos que hacía el niño 
y las hojas en blanco de su cuaderno. 

Un día, Jeremías caminó dificultosamente 
hasta el escritorio de su maestra, 
arrastrando su pierna inútil 
detrás de él. “La amo, Señorita”, 
exclamó lo suficientemente fuerte 
como para que toda la clase lo oyera. 
La maestra se puso roja, especialmente 
al ver los gestos que hacían los otros alumnos. 
Ella alcanzó a tartamudear: 
“Bue… bueno… es muy lindo lo que me dices, 
Jeremías. Ah… ahora, por favor 
vuelve a tu asiento…” 

Pasó el tiempo, llegó la primavera, 
y los niños conversaban animadamente 
acerca de la proximidad de la Pascua. 
La maestra les contó la historia de Jesús, 
y para destacar la idea de que la vida renacería, 
entregó a cada uno de los niños 
un huevo grande de plástico, y les dijo: 
“Quiero que lo lleven a su casa, 
y mañana lo traigan con algo 
dentro que nos enseñe sobre la vida. 
¿Entienden?” “SÍÍÍÍ, Señorita”, 
respondieron entusiasmado todos los niños, 
Excepto Jeremías. Estaba escuchando 
atentamente, sus ojos no se quitaban 
del rostro de la maestra. 
Ni siquiera estaba haciendo sus ruidos habituales. 
¿Habría entendido lo que ella dijo acerca 
de la muerte y la resurrección de Jesús? 
¿Podría hacer la tarea? 
¿Llamaría a sus padres para explicarles 
lo que Jeremías tenía que hacer?. 

Esa tarde tuvo que hacer muchas compras, 
planchar una blusa, preparar la cena, 
y se olvidó completamente de hacer esa llamada. 

Al día siguiente, los 19 alumnos vinieron a clase. 
reían y charlaban mientras ponían 
los huevos de plástico en la canasta vacía 
que estaba sobre el escritorio de su maestra. 
Y al finalizar el período de clases, 
llegó el momento de abrir los huevos. 

En el primero, la maestra encontró una flor. 
“Oh, sí, una flor es señal de una nueva vida”, dijo. 
El siguiente huevo contenía una mariposa 
de plástico, que parecía real. 
Su comentario fue: 
“Todos sabemos que algunas orugas se 
convierten en mariposa. 
Sí, ésta también es una vida nueva”. 

Después abrió otro huevo donde había 
una piedra cubierta de musgo. 
Y explicó que el musgo también era 
una muestra de vida. 

A continuación abrió el cuarto huevo. 
Su respiración se hizo entrecortada 
¡El huevo estaba vacío! 
“Seguramente debe ser de Jeremías”, pensó. 
“No habrá entendido mis instrucciones. 
Si no me hubiera olvidado de telefonear 
a sus padres…” 
Y como no quería que Jeremías se sintiera mal, 
lentamente puso el huevo a un lado y tomó otro. 

Repentinamente Jeremías le dijo: 
“Señorita, ¿no va a hablar acerca del huevo 
que yo traje?”  Nerviosa, le contestó: 
“Pero Jeremías, el huevo está vacío”. 
Y él, mirándole a los ojos le dijo suavemente: 
“Sí, pero también la tumba de Jesús estaba vacía”. 
Pareció que el tiempo se detenía. 
Y cuando pudo hablar nuevamente, 
la maestra le preguntó: 
“¿Sabes por qué la tumba estaba vacía” 
“Oh, sí”, dijo Jeremías. 
“A Jesús lo mataron y lo pusieron allí. 
Pero Su Padre lo resucitó”. 

Sonó la campana, y mientras los niños 
corrían hacia fuera, la maestra se puso 
a llorar, y el hielo de su corazón se derritió. 

Jeremías murió tres meses después. 
Y los que concurrieron a su velatorio 
se sorprendieron al ver 19 huevos 
sobre su ataúd, y todos estaban vacíos.

jueves, 6 de julio de 2023

Los tres consejos

Los tres consejos

Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblecito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa:

- “Querida, yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos, sólo te pido una cosa: que me esperes y, mientras yo esté lejos, me seas fiel, pues yo te seré fiel a ti.”

Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llegó y se ofreció para trabajar y fue aceptado.

Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente:

- “Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme, el señor me libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga, usted me dará el dinero que yo haya ganado."

Estando ambos de acuerdo. Aquel joven trabajo durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.

Después de veinte años se acerco a su patrón y le dijo:

- “Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa.”

El patrón le respondió:

- “Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, sólo que antes quiero hacerte una propuesta, está bien?. Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.”

El pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo: “QUIERO LOS TRES CONSEJOS”


El patrón le recordó: “Si te doy los consejos, no te doy el dinero.”

Y el empleado respondió: “Quiero los consejos.”

El patrón entonces le aconsejó:

- “NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos mas cortos y desconocidos te pueden costar la vida.

- NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL. Pues la curiosidad por el mal puede ser fatal.

- NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR. Pues puedes arrepentirte demasiado tarde."

Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así:

- “Aquí tienes tres panes, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa.”

El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que el tanto amaba. Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto:

- “Para dónde vas?”

Él le respondió:

- “Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.”

La persona le dijo entonces:

- “Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegarás en pocos días”.
El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, “NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y DESCONOCIDOS TE PUEDEN COSTAR LA VIDA”. Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada.

Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer malencarada le abrió la puerta y lo atendió Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir.

De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pié de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. “NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL PUES LA CURIOSIDAD POR EL MAL PUEDE SER FATAL” Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y el le contesto que sí lo había escuchado.

El dueño de la posada de preguntó:

- "¿Y no sintió curiosidad?"

Él le contesto que no. A lo que el dueño les respondió:

- "Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma."

El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola.

Anduvo un poco mas y vio que ella tenía en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó el tercer consejo. “NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES PUEDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE” 
Entonces se paró y reflexionó, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión.

Al amanecer ya con la cabeza fría, él dijo:

- “No voy a matar a mi esposa. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella.”

Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga de su cuello y lo abraza afectuosamente. Él trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue.

Entonces con lágrimas en los ojos le dice:

- “Yo te fui fiel y tú me traicionaste."

Ella espantada le responde:

- “¿Cómo?... Yo nunca te traicioné. Te esperé durante veinte años."

El entonces le preguntó:

- “Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?"

Y ella le contestó:

- “Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad."

Entonces el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa preparaba la cena. Se sentaron a comer el último pan juntos. Después, con lágrimas de emoción, partió el pan, y al abrirlo, se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.

La estrella verde llamada esperanza

Existían millones de estrellas en el cielo, estrellas de todos los colores:

blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas, azules.


Un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le propusieron:

- Señor, nos gustaría vivir en la Tierra, convivir con las personas.

- Así se hará , respondió el Señor.

Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, tal como se ven de lejos, para
que puedan bajar a la Tierra.

Se cuenta que en aquella noche hubo una fantástica lluvia de estrellas.
Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar
y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con
los juguetes de los niños. La Tierra quedó, entonces, maravillosamente
iluminada.

Pero con el correr del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los
hombres y volver al cielo, dejando a la tierra oscura y triste.

- ¿Por qué volvieron? - preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al
cielo.

- Señor, nos fue imposible permanecer en la Tierra, existe allí mucha
miseria, mucha violencia, hay demasiadas injusticias. El Señor les contestó:

- Claro, Ustedes pertenecen aquí, al Cielo. La tierra es el lugar de lo
transitorio, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere.
Nada es perfecto.

El Cielo es el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de la perfección.

Después de que habían llegado gran cantidad de estrellas, Dios verificó la
cantidad y habló de nuevo:

- Nos está faltando una estrella, ¿dónde estará? Un ángel que estaba cerca
replicó:

- Hay una estrella que resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió
que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay
límites, donde las cosas no van bien, donde hay dolor.

- ¿ Qué estrella es esa? volvió a preguntar.

- Es la Esperanza, Señor, la estrella verde. La única estrella de ese color.

Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola; la Tierra
estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón
de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene, y Dios no
necesita retener es la Esperanza. Dios ya conoce
el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel
que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo puede
conocer el porvenir.

domingo, 25 de junio de 2023

Los tres hermanos


Para los que no la han escuchado o leído, se las dejo aquí.
Había una vez tres hermanos que viajaban a la hora del crepúsculo por una solitaria y sinuosa carretera. Los hermanos llegaron a un río demasiado profundo para vadearlo y demasiado peligroso para cruzarlo a nado. Pero como los tres hombres eran muy diestros en las artes mágicas, no tuvieron más que agitar sus varitas e hicieron aparecer un puente para salvar las traicioneras aguas.
Cuando se hallaban hacia la mitad del puente, una figura encapuchada les cerró el paso. Y la Muerte les habló. Estaba contrariada porque acababa de perder a tres posibles víctimas, ya que normalmente los viajeros se ahogaban en el río. Pero ella fue muy astuta y, fingiendo felicitar a los tres hermanos por sus poderes mágicos, les dijo que cada uno tenía opción a un premio por haber sido lo bastante listo para eludirla.
Así pues, el hermano mayor, que era un hombre muy combativo, pidió la varita mágica más poderosa que existiera, una varita capaz de hacerle ganar todos los duelos a su propietario; en definitiva, ¡una varita digna de un mago que había vencido a la Muerte! Ésta se encaminó hacia un saúco que había en la orilla del río, hizo una varita con una rama y se la entregó.
A continuación, el hermano mediano, que era muy arrogante, quiso humillar aún más a la Muerte, y pidió que le concediera el poder de devolver la vida a los muertos. La Muerte sacó una piedra de la orilla del río y se la entregó, diciéndole que la piedra tendría el poder de resucitar a los difuntos.
Por último, la Muerte le preguntó al hermano menor qué deseaba. Éste era el más humilde y también el más sensato de los tres, y no se fiaba un pelo. Así que le pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que ella pudiera seguirlo. Y la Muerte, de mala gana, le entregó su propia capa invisible.
Entonces la Muerte se apartó y dejó que los tres hermanos siguieran su camino.
Y así lo hicieron ellos mientras comentaban, maravillados, la aventura que acababan de vivir y admiraban los regalos que les había dado la Muerte. A su debido tiempo, se separaron y cada uno se dirigió hacia su propio destino. El hermano mayor siguió viajando algo más de una semana, y al llegar a una lejana aldea buscó a un mago con el que mantenía una grave disputa. Naturalmente, armado con la Varita de Saúco, era inevitable que ganara el duelo que se produjo. Tras matar a su enemigo y dejarlo tendido en el suelo, se dirigió a una posada, donde se jactó por todo lo alto de la poderosa varita mágica que le había arrebatado a la propia Muerte, y de lo invencible que se había vuelto gracias a ella.
Esa misma noche, otro mago se acercó con sigilo mientras el hermano mayor yacía, borracho como una cuba, en su cama, le robó la varita y, por si acaso, le cortó el cuello. Y así fue como la Muerte se llevó al hermano mayor.
Entretanto, el hermano mediano llegó a su casa, donde vivía solo. Una vez allí, tomó la piedra que tenía el poder de revivir a los muertos y la hizo girar tres veces en la mano. Para su asombro y placer, vio aparecer ante él la figura de la muchacha con quien se habría casado si ella no hubiera muerto prematuramente.
Pero la muchacha estaba triste y distante, separada de él por una especie de velo. Pese a que había regresado al mundo de los mortales, no pertenecía a él y por eso sufría. Al fin, el hombre enloqueció a causa de su desesperada nostalgia y se suicidó para reunirse de una vez por todas con su amada.
Y así fue como la Muerte se llevó al hermano mediano.
Después buscó al hermano menor durante años, pero nunca logró encontrarlo. Cuando éste tuvo una edad muy avanzada, se quitó por fin la capa invisible y se la regaló a su hijo. Y entonces recibió a la Muerte como si fuera una vieja amiga, y se marchó con ella de buen grado. Y así, como iguales, ambos se alejaron de la vida.

sábado, 17 de junio de 2023

Comprensión más que conocimiento

En ciertos casos la vida exige mucho más comprensión que conocimiento. Digo esto porque muchas veces las personas por tener un poco más de conocimiento o "creer" que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás. He aquí una gran lección.

COMPRENSIÓN MAS QUE CONOCIMIENTO

En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta: 
-¿Cuántos riñones tenemos?
- ¡Cuatro!, responde el alumno.
- ¿Cuatro?, replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos. 
"Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala", le ordena el profesor a su auxiliar. 
"¡Y para mí un cafecito!", replicó el alumno al auxiliar del maestro.
El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. 
El alumno era el humorista Aparício Torelly, conocido como el Barón de Itararé (1895-1971)
Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro: 
- Usted me preguntó cuántos riñones "tenemos".
"Tenemos" cuatro: dos míos y dos suyos. Porque "tenemos" es una expresión usada para el plural.
"Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto".

martes, 6 de junio de 2023

La cosecha de maíz


Había un agricultor que cultivaba maíz de excelente calidad. Todos los años ganaba el premio al mejor maíz cultivado. 
Un año, un periodista lo entrevistó y aprendió algo interesante sobre cómo lo cultivaba. 
El reportero descubrió que el agricultor compartía su semilla de maíz con sus vecinos. "¿Cómo puede permitirse compartir su mejor semilla de maíz con sus vecinos cuando compiten con el maíz cada año?" preguntó el reportero.
“¿Por qué señor?”, Dijo el granjero, “¿No lo sabía? El viento recoge el polen del maíz en maduración y lo hace girar de un campo a otro. 
Si mis vecinos cultivan maíz inferior, la polinización cruzada degradará constantemente la calidad de mi maíz. Si voy a cultivar un buen maíz, debo ayudar a mis vecinos a cultivar un buen maíz ".
Lo mismo ocurre con nuestras vidas ... Aquellos que quieren vivir bien y con sentido deben ayudar a enriquecer la vida de los demás, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca.

jueves, 1 de junio de 2023

La estrategia de los peces


   En una pequeña laguna vivían tres peces. Un día vieron a un pescador acercándose a la orilla con su red de pesca. Como no tenían tiempo de huir, planearon saltar fuera del agua y hacerse los muertos, para que el pescador suspendiera su jornada de pesca. Uno de ellos pasó a la acción rápidamente, tomó impulso y saltó a los pies del pescador, pero se le olvidó estarse quieto y aguantar la respiración. El hombre, atónito por la rara actitud del pez, lo observó y, ante la sospecha de que pudiera estar enfermo o algo parecido, lo tiró de nuevo al agua, donde este se escondió.
   El segundo pez imitó al primero y, aunque estuvo quieto, no logró aguantar sin respirar. El pescador se extrañó al ver otro ejemplar a sus pies, pero esta vez decidió cogerlo y meterlo en una bolsa. Por suerte para el animal, olvidó cerrarla y el pez, haciendo un gran esfuerzo, pudo escapar y volver al agua.
   Finalmente, el último pez hizo lo mismo que sus compañeros y, además, se estuvo quieto y sin respirar. Pero el pescador, harto ya, lo metió en la bolsa, la cerró bien y se fue a casa a preparar un sabroso plato de pescado. Este relato nos enseña que imitar a otros, aun mejorándolos, no garantiza el mismo resultado. Este depende de las circunstancias y de la suerte.

domingo, 14 de mayo de 2023

El león y el mosquito


Cierta vez, un mosquito se acercó a un león y le dijo que no le tenía miedo porque, a pesar de su tamaño, era más fuerte que él. El rey de los felinos, sorprendido por su atrevimiento, se echó a reír, pero el insecto le retó diciendo: «Si crees que puedes ganarme, demuéstramelo». Como quería quitárselo de encima, el león le desafió a un combate. Así, el mosquito hizo sonar su zumbido y atacó al animal picándole muchas veces alrededor de la nariz, donde no tenía pelo que le protegiera. Muy agobiado, el león empezó a arañarse con sus propias garras hasta que, cansado de hacerse daño, renunció a la pelea. Feliz, el mosquito voló como un loco por todas partes jactándose de su victoria. Tan orgulloso estaba que, sin darse cuenta, se enredó en una tela de araña y, en cuestión de segundos, su dueña se acercó con la intención de comérselo de un bocado. Instantes antes de ser devorado, el mosquito se lamentó: «Pero qué desdicha más grande. Yo, que he luchado contra los más poderosos y los he vencido, voy a perecer a manos de una insignificante araña». Y antes de hincarle el diente, esta le dijo: «No importa lo grandes que hayan sido tus éxitos, lo que sí importa es evitar que la dicha, el orgullo y la prepotencia por haberlos obtenido lo arruinen todo».

lunes, 13 de marzo de 2023

El círculo del 99

 Había una vez un rey que era muy, pero que muy rico, pero muy, pero que muy infeliz. Pasaba los días triste y amargado, sin saber muy bien por qué. Y este rey tenía un sirviente muy humilde pero muy feliz, que trabajaba cantando y le dedicaba siempre a su rey una sincera sonrisa cargada de energía positiva.

El rey no podía entender cómo aquel sirviente, teniendo tan poco, podía ser feliz. Y un día se lo preguntó:

– Dime, ¿cómo es que eres tan feliz? ¿Cómo puedes estar todos los días contento?

– Pues… la verdad es que nunca me lo he planteado, alteza- respondió él dubitativo- No tengo motivos para ser infeliz… tengo lo que necesito. Una casa, comida, vestidos y una mujer que me quiere…

El rey, enfadado, pidió cita con su consejero:

– ¡No entiendo por qué mi sirviente es tan feliz y yo tan infeliz teniendo mucho más! ¿Dónde está el secreto de la felicidad?

– Alteza- dijo entonces el consejero- La explicación no está en lo que su siervo tiene sino en lo que no le falta. Al no faltarle nada para que su vida esté completa, es feliz… Y es porque no entró en el círculo del 99.

– ¿El círculo del 99? ¿Eso qué es?

– Todo el que entra en el círculo del 99 es infeliz… Es muy difícil de explicar… si deja que su sirviente entre en él, lo entenderá.

– Pero… si entra en ese círculo, será infeliz.

– Sí, lo será.

– ¿Y él lo sabrá? ¿Por qué iba a entrar entonces?

– Él sabrá que si entra, será infeliz, pero lo hará.

– Muéstramelo- dijo entonces el rey.

– Bien, para ello necesito una bolsa con 99 monedas de oro. Ni una más, ni una menos.

Y el sirviente entró en el círculo del 99

El rey hizo lo que su consejero le pidió y ambos fueron con la bolsa a la casa del sirviente. Allí, en la puerta, dejaron la bolsa, golpearon la puerta y rápidamente se escondieron para que nos les viera.

El sirviente abrió y al ver la bolsa en el suelo la agarró bien. La agitó y escuchó el sonido de las monedas. Miró a ambos lados y al no ver a nadie, entró con ella en su casa. Se sentó a la mesa junto a la ventana, y el rey y su consejero pudieron ver lo que hacía.

Empezó a colocar las monedas de oro en montoncitos de diez… hasta que comprobó que al último montón, al décimo, le faltaba una moneda para estar completo.

– ¡No puede ser!- gritó extrañado el hombre- ¡Me habrán robado! ¡Solo falta una moneda de oro para llegar a cien!

Frustrado, comenzó a hablar en alto, cada vez más angustiado:

– Tengo que conseguir esa última moneda. Cuando tenga cien monedas de oro, ya no tendré que trabajar más, pero debo completarlo… Si trabajo mucho y hago horas extras… tal vez consiga la moneda de oro en.. ¡12 años! Es mucho tiempo. No, no, no… Vale, puedo pedir a mi mujer que busque trabajo y entre los dos… diez años quizás. Sigue siendo mucho. Venderemos la comida que nos sobre cada día y trajes… también zapatos. ¿Para qué queremos tantos? Con un par tendremos suficiente. Así, tal vez en cuatro años lo consigamos. Sí…

Y así es cómo el siervo entró en el círculo del 99. A partir de ese día, el criado del rey ya no trabajaba cantando, ni dedicaba a todos una sonrisa. No paraba de trabajar y cuando terminaba, seguía trabajando. Llegó un día en que el rey decidió despedirlo, porque no era agradable tener un trabajador tan amargado. Y fue entonces cuando el rey entendió qué significaba entrar en el círculo del 99.


El árbol de los problemas

 Un hombre tomó la decisión de reparar una vieja granja que tenía en el campo. Para ello contrató a un carpintero que le ayudaría durante todo el proceso.

Un día se acercó a la granja para verificar cómo iban todos los trabajos. Llegó temprano y comenzó a ayudar al carpintero. Ese día parecía que las cosas no le iban bien. Su cortadora eléctrica se había quedado sin batería haciéndole perder dos horas de su tiempo. Más tarde un corte en el suministro eléctrico le había hecho perder una hora más. A última hora de la tarde se le acabó el pegamento y no pudo finalizar las tareas que tenía programadas para ese día. Por si fuera poco cuando se disponía a volver a casa, su camión no arrancaba. Ante esta situación el dueño de la granja se ofreció a llevarlo.

Mientras recorrían los paisajes de la zona, el carpintero iba en silencio. Parecía triste y cansado después de un día tan malo. Después de treinta minutos de recorrido llegaron a la casa del carpintero, y sorprendentemente lo invitó para que conociera a su familia. Mientras se dirigían a la puerta, el carpintero se detuvo durante unos segundos frente a un pequeño árbol de un color verde intenso. Tocó varias ramas cuidadosamente con sus manos, mientras admiraba sus preciosas hojas.

Cuando abrió la puerta ocurrió una increíble transformación. Su cara estaba llena de sonrisas, satisfacción y alegría. Sus hijos se abalanzaron sobre él. Le dió un beso a su mujer y lo presentó. Lo invitó a una cerveza y una apetitosa empanada. Ya despidiéndose, lo acompañó hasta el coche.

Cuando pasaron nuevamente cerca del árbol, no pudo evitar la curiosidad  y le preguntó acerca de lo que había hecho un rato antes frente al árbol.

¡Ohh!, ese es mi árbol de los problemas, contestó.

Y luego procedió a explicar y dijo: sé que no puedo evitar tener dificultades en mi trabajo, percances y alteraciones en mi estado de ánimo. Pero una cosa si es segura: Esos problemas no pertenecen ni a mi esposa y mucho menos a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el “árbol de los problemas” cada noche cuando llego a casa. Luego por la mañana los recojo de nuevo, porque tengo que solucionarlos. Lo divertido es, dijo sonriendo el carpintero, que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos problemas como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

El dueño de la granja se subió a su coche, meditando sobre la estrategia del carpintero para ser más feliz y evitar contaminar el hogar con los problemas laborales. Llegó a la granja y se dispuso a seleccionar su árbol de los problemas. Y desde entones cada vez que llegaba a su hogar ya saben lo primero que hacía.

La isla de las emociones

 Erase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: la Alegría, la Tristeza y muchos más, incluyendo el Amor. Todos los sentimientos estaban allí. A pesar de los roces naturales de la convivencia, la vida era sumamente tranquila, hasta previsible. A veces, la Rutina hacía que el Aburrimiento se quedara dormido, o el Impulso armaba algún escándalo; otras veces, la Constancia y la Convivencia lograban aquietar al Descontento.

Un día, inesperadamente para todos los habitantes de la isla, el Conocimiento convocó una reunión. Cuando por fin la Distracción se dió por enterada y la Pereza llegó al lugar de encuentro, todos estuvieron presentes. Entonces, el Conocimiento dijo:
- “Tengo una mala noticia para darles... la isla se hunde..."
Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:
- “¡No! ... ¿como puede ser? …¡Si nosotros vivimos aqui desde siempre!!!!”
Pero el Conocimiento repitió:
- “La isla se hunde”
- ¡Pero no puede ser!!! Quizás estás equivocado!!!”
- “El Conocimiento nunca se equivoca -
dijo la Conciencia, dandose cuenta de la verdad-. Si él dice que se hunde, debe ser por que se hunde”.
- “Pero... ¿Qué vamos a hacer ahora????” 
-preguntaron los demás.
Entonces el Conocimiento contestó:
- “Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sujiero que busquen la manera de abandonar la isla.... Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla, desaparecerá con ella”.
-“¿No podrías ayudarnos?”, 
preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.
- “¡No ! -
dijo el Conocimiento-, la Previsión y yo hemos construído un avión y en cuanto termine de decirles esto, volaremos hacia la isla más cercana...”
Las emociones dijeron:
- “¡No! ¡Pero no! ¿Qué será de nosotros???”
Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y, llevando de polizón al Miedo, que no es zonzo y ya se había escondido en el motor, dejaron la isla.
Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero...Todas... Salvo el Amor.
Porque el amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:
- “Dejar esta isla... después de todo lo que viví aquí... ¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? Ahhh.... Compartimos tantas cosas...”
Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio de irse, el Amor se subía a cada árbol, olió cada rosa, se fué hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacer en otros tiempos. Tocó cada piedra...y acarició cada rama...
Al llegar a la playa, excatamente al lugar desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el amor:
-"Quizás la isla se hunda por un ratito... y después resurja.... porqué no???"
Y se quedó días y días midiendo la altura de la marca, para revisar si el proceso de hundimiento no era reversible... Pero la isla se hundía cada vez más...
Sin embargo, el Amor no podia pensar en construir nada, porque estaba tan dolorido que sólo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería. Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande y que, aún cuando se hundiera un poco, él siempre podría refugiarse en la zona más alta.... Cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él...
Así que una vez mas, tocó las piedrecitas de la orilla ... y se arrastró por la arena... y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa... que otrora fuera enorme...
Luego, sin darse cuenta demasiado de su renuncia, caminó hacia la parte norte de la isla, que si bien no era la que más le agradaba, era la más elevada...
Y la isla se hundía cada día un poco más.... Y el Amor se refugiaba cada día en un lugar más pequeño...
- “Después de tantas cosas que pasamos juntos!!!!- le reprochó a la isla.
Hasta que, finalmente, solo quedó una minúscula porción de suelo firme; el resto había sido tapado completamente por el agua.
Recién en ese momento, el amor se dió cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no dejaba la isla, el amor desaparecería para siempre de la faz de la tierra...
Entonces, caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el amor se dirigió a la bahía.
Ya no había posibilidades de construirse una salida como la de todos; había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco ante sus ojos...
Desde allí podría ver pasar a sus compañeras en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguna de ellas lo comprendiera y lo llevara.
Buscando con los ojos en el mar, vio venir el barco de la Riqueza y le hizo señas. Se acercó la Riqueza que pasaba en un lujoso yate y el Amor dijo:
- "Riqueza llévame contigo! … Yo sufrí tanto la desaparición de la isla que no tuve tiempo de armarme un barco"
La Riqueza contestó:
- "No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti, lo siento" y siguió camino, sin mirar atrás...
Le pidió ayuda a la Vanidad, a la que vió venir en un barco hermoso, lleno de adornos, caireles, mármoles y florecitas de todos los colores, que también venia pasando:
- "Vanidad" por favor ayúdame".
y la Vanidad le respondió:
- "Imposible Amor, es que tienes un aspecto!!!!...¡ Estás tan desagradable!!! tan sucio, y tan desaliñado!!!!... perdón pero afearías mi barco…”- 
y se fue.
Pasó la Soberbia, que al pedido de ayuda contestó:
- "Quítate de mi camino o te paso por encima!".
Como pudo, el Amor se acerco al yate del Orgullo y, una vez mas, solicito ayuda.
La respuesta fue una mirada despectiva y una ola casi lo asfixia.
Entonces, el Amor pidió ayuda a la Tristeza:
- "¿Me dejas ir contigo?".
La Tristeza le dijo:
- "Ay Amor, tu sabes que estoy taaaan triste que cuando estoy así prefiero estar sola"
Pasó la Alegría y estaba tan contenta que ni siquiera oyó al Amor llamarla.
Desesperado, el Amor comenzó a suspirar, con lágrimas en sus ojos. Se sentó en el pedacito de isla que quedaba, a esperar el final... De pronto, el Amor sintío que alguien chistaba:
- " Chst- Chst- Chst..."
Era un desconocido viejito que le hacía señas desde un bote a remos. El Amor se sorprendió:
- "¿Es a mi?"- preguntó, llevándose una mano al pecho.
- “Sí, sí -dijo el viejito-, es a tí. Ven, sube a mi bote, rema conmigo que yo te salvo”.
El Amor lo miró y le quiso explicar...
-"lo que pasó, es que yo me quedé...
- "Ya entiendo" -
dijo el viejito sin dejarlo terminar la frase- “Sube!”.
El amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla. No pasó mucho tiempo antes de poder ver como el último centímetro de la isla se hundía y desaparecía para siempre...
- “Nunca volverá a existir una isla como esta! - murmuró el amor, quizás esperando que el viejito lo contradijera y le dira alguna esperanza.
- “No -dijo el viejo- como ésta, nunca; en todo caso, diferentes …!
Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor se sentía tan aliviado que olvidó preguntarle su nombre. Cuando se dio cuenta y quiso agradecerle, el viejito había desaparecido. Entonces el Amor, muy intrigado, fué en busca de la Sabiduría para preguntarle:
- “¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó... Todos los demás no comprendían que hubiera quedado sin embarcación, pero él me salvó, me ayudó y yo ahora, no sé ni siquiera quién es...”
Entonces la Sabiduría lo miró largamente a los ojos, y le dijo:
-"Es el único capaz de conseguir que el amor sobreviva cuando el dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir. Es el único capaz de darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse. El que te salvó, Amor, es El Tiempo....”