miércoles, 18 de octubre de 2023
El peso del rencor
lunes, 16 de octubre de 2023
El anciano solitario
La urraca Adelfa
domingo, 17 de septiembre de 2023
Reflejo de la vida
martes, 12 de septiembre de 2023
La oruga y el escarabajo
domingo, 20 de agosto de 2023
El joven y el cura
miércoles, 16 de agosto de 2023
El león y sus consejeros
jueves, 27 de julio de 2023
El profesor y el alumno
jueves, 13 de julio de 2023
Cita con la muerte
miércoles, 12 de julio de 2023
El zapatero y el hombre rico
Que no te falte nunca la empatía
domingo, 9 de julio de 2023
El huevo vacío
jueves, 6 de julio de 2023
Los tres consejos
Los tres consejos
Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblecito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa:
- “Querida, yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos, sólo te pido una cosa: que me esperes y, mientras yo esté lejos, me seas fiel, pues yo te seré fiel a ti.”
Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llegó y se ofreció para trabajar y fue aceptado.
Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente:
- “Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme, el señor me libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga, usted me dará el dinero que yo haya ganado."
Estando ambos de acuerdo. Aquel joven trabajo durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.
Después de veinte años se acerco a su patrón y le dijo:
- “Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa.”
El patrón le respondió:
- “Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, sólo que antes quiero hacerte una propuesta, está bien?. Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.”
El pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo: “QUIERO LOS TRES CONSEJOS”
El patrón le recordó: “Si te doy los consejos, no te doy el dinero.”
Y el empleado respondió: “Quiero los consejos.”
El patrón entonces le aconsejó:
- “NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos mas cortos y desconocidos te pueden costar la vida.
- NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL. Pues la curiosidad por el mal puede ser fatal.
- NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR. Pues puedes arrepentirte demasiado tarde."
Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así:
- “Aquí tienes tres panes, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa.”
El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que el tanto amaba. Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto:
- “Para dónde vas?”
Él le respondió:
- “Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.”
La persona le dijo entonces:
- “Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegarás en pocos días”.
El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, “NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y DESCONOCIDOS TE PUEDEN COSTAR LA VIDA”. Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada.
Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer malencarada le abrió la puerta y lo atendió Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir.
De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pié de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. “NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL PUES LA CURIOSIDAD POR EL MAL PUEDE SER FATAL” Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y el le contesto que sí lo había escuchado.
El dueño de la posada de preguntó:
- "¿Y no sintió curiosidad?"
Él le contesto que no. A lo que el dueño les respondió:
- "Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma."
El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola.
Anduvo un poco mas y vio que ella tenía en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó el tercer consejo. “NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES PUEDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE”
Entonces se paró y reflexionó, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión.
Al amanecer ya con la cabeza fría, él dijo:
- “No voy a matar a mi esposa. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella.”
Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga de su cuello y lo abraza afectuosamente. Él trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue.
Entonces con lágrimas en los ojos le dice:
- “Yo te fui fiel y tú me traicionaste."
Ella espantada le responde:
- “¿Cómo?... Yo nunca te traicioné. Te esperé durante veinte años."
El entonces le preguntó:
- “Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?"
Y ella le contestó:
- “Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad."
Entonces el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa preparaba la cena. Se sentaron a comer el último pan juntos. Después, con lágrimas de emoción, partió el pan, y al abrirlo, se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.
La estrella verde llamada esperanza
Existían millones de estrellas en el cielo, estrellas de todos los colores:
blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas, azules.
Un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le propusieron:
- Señor, nos gustaría vivir en la Tierra, convivir con las personas.
- Así se hará , respondió el Señor.
Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, tal como se ven de lejos, para
que puedan bajar a la Tierra.
Se cuenta que en aquella noche hubo una fantástica lluvia de estrellas.
Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar
y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con
los juguetes de los niños. La Tierra quedó, entonces, maravillosamente
iluminada.
Pero con el correr del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los
hombres y volver al cielo, dejando a la tierra oscura y triste.
- ¿Por qué volvieron? - preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al
cielo.
- Señor, nos fue imposible permanecer en la Tierra, existe allí mucha
miseria, mucha violencia, hay demasiadas injusticias. El Señor les contestó:
- Claro, Ustedes pertenecen aquí, al Cielo. La tierra es el lugar de lo
transitorio, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere.
Nada es perfecto.
El Cielo es el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de la perfección.
Después de que habían llegado gran cantidad de estrellas, Dios verificó la
cantidad y habló de nuevo:
- Nos está faltando una estrella, ¿dónde estará? Un ángel que estaba cerca
replicó:
- Hay una estrella que resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió
que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay
límites, donde las cosas no van bien, donde hay dolor.
- ¿ Qué estrella es esa? volvió a preguntar.
- Es la Esperanza, Señor, la estrella verde. La única estrella de ese color.
Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola; la Tierra
estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón
de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene, y Dios no
necesita retener es la Esperanza. Dios ya conoce
el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel
que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo puede
conocer el porvenir.
domingo, 25 de junio de 2023
Los tres hermanos
sábado, 17 de junio de 2023
Comprensión más que conocimiento
martes, 6 de junio de 2023
La cosecha de maíz
jueves, 1 de junio de 2023
La estrategia de los peces
domingo, 14 de mayo de 2023
El león y el mosquito
lunes, 13 de marzo de 2023
El círculo del 99
Había una vez un rey que era muy, pero que muy rico, pero muy, pero que muy infeliz. Pasaba los días triste y amargado, sin saber muy bien por qué. Y este rey tenía un sirviente muy humilde pero muy feliz, que trabajaba cantando y le dedicaba siempre a su rey una sincera sonrisa cargada de energía positiva.
El rey no podía entender cómo aquel sirviente, teniendo tan poco, podía ser feliz. Y un día se lo preguntó:
– Dime, ¿cómo es que eres tan feliz? ¿Cómo puedes estar todos los días contento?
– Pues… la verdad es que nunca me lo he planteado, alteza- respondió él dubitativo- No tengo motivos para ser infeliz… tengo lo que necesito. Una casa, comida, vestidos y una mujer que me quiere…
El rey, enfadado, pidió cita con su consejero:
– ¡No entiendo por qué mi sirviente es tan feliz y yo tan infeliz teniendo mucho más! ¿Dónde está el secreto de la felicidad?
– Alteza- dijo entonces el consejero- La explicación no está en lo que su siervo tiene sino en lo que no le falta. Al no faltarle nada para que su vida esté completa, es feliz… Y es porque no entró en el círculo del 99.
– ¿El círculo del 99? ¿Eso qué es?
– Todo el que entra en el círculo del 99 es infeliz… Es muy difícil de explicar… si deja que su sirviente entre en él, lo entenderá.
– Pero… si entra en ese círculo, será infeliz.
– Sí, lo será.
– ¿Y él lo sabrá? ¿Por qué iba a entrar entonces?
– Él sabrá que si entra, será infeliz, pero lo hará.
– Muéstramelo- dijo entonces el rey.
– Bien, para ello necesito una bolsa con 99 monedas de oro. Ni una más, ni una menos.
Y el sirviente entró en el círculo del 99
El rey hizo lo que su consejero le pidió y ambos fueron con la bolsa a la casa del sirviente. Allí, en la puerta, dejaron la bolsa, golpearon la puerta y rápidamente se escondieron para que nos les viera.
El sirviente abrió y al ver la bolsa en el suelo la agarró bien. La agitó y escuchó el sonido de las monedas. Miró a ambos lados y al no ver a nadie, entró con ella en su casa. Se sentó a la mesa junto a la ventana, y el rey y su consejero pudieron ver lo que hacía.
Empezó a colocar las monedas de oro en montoncitos de diez… hasta que comprobó que al último montón, al décimo, le faltaba una moneda para estar completo.
– ¡No puede ser!- gritó extrañado el hombre- ¡Me habrán robado! ¡Solo falta una moneda de oro para llegar a cien!
Frustrado, comenzó a hablar en alto, cada vez más angustiado:
– Tengo que conseguir esa última moneda. Cuando tenga cien monedas de oro, ya no tendré que trabajar más, pero debo completarlo… Si trabajo mucho y hago horas extras… tal vez consiga la moneda de oro en.. ¡12 años! Es mucho tiempo. No, no, no… Vale, puedo pedir a mi mujer que busque trabajo y entre los dos… diez años quizás. Sigue siendo mucho. Venderemos la comida que nos sobre cada día y trajes… también zapatos. ¿Para qué queremos tantos? Con un par tendremos suficiente. Así, tal vez en cuatro años lo consigamos. Sí…
Y así es cómo el siervo entró en el círculo del 99. A partir de ese día, el criado del rey ya no trabajaba cantando, ni dedicaba a todos una sonrisa. No paraba de trabajar y cuando terminaba, seguía trabajando. Llegó un día en que el rey decidió despedirlo, porque no era agradable tener un trabajador tan amargado. Y fue entonces cuando el rey entendió qué significaba entrar en el círculo del 99.
El árbol de los problemas
Un hombre tomó la decisión de reparar una vieja granja que tenía en el campo. Para ello contrató a un carpintero que le ayudaría durante todo el proceso.
Un día se acercó a la granja para verificar cómo iban todos los trabajos. Llegó temprano y comenzó a ayudar al carpintero. Ese día parecía que las cosas no le iban bien. Su cortadora eléctrica se había quedado sin batería haciéndole perder dos horas de su tiempo. Más tarde un corte en el suministro eléctrico le había hecho perder una hora más. A última hora de la tarde se le acabó el pegamento y no pudo finalizar las tareas que tenía programadas para ese día. Por si fuera poco cuando se disponía a volver a casa, su camión no arrancaba. Ante esta situación el dueño de la granja se ofreció a llevarlo.
Mientras recorrían los paisajes de la zona, el carpintero iba en silencio. Parecía triste y cansado después de un día tan malo. Después de treinta minutos de recorrido llegaron a la casa del carpintero, y sorprendentemente lo invitó para que conociera a su familia. Mientras se dirigían a la puerta, el carpintero se detuvo durante unos segundos frente a un pequeño árbol de un color verde intenso. Tocó varias ramas cuidadosamente con sus manos, mientras admiraba sus preciosas hojas.
Cuando abrió la puerta ocurrió una increíble transformación. Su cara estaba llena de sonrisas, satisfacción y alegría. Sus hijos se abalanzaron sobre él. Le dió un beso a su mujer y lo presentó. Lo invitó a una cerveza y una apetitosa empanada. Ya despidiéndose, lo acompañó hasta el coche.
Cuando pasaron nuevamente cerca del árbol, no pudo evitar la curiosidad y le preguntó acerca de lo que había hecho un rato antes frente al árbol.
¡Ohh!, ese es mi árbol de los problemas, contestó.
Y luego procedió a explicar y dijo: sé que no puedo evitar tener dificultades en mi trabajo, percances y alteraciones en mi estado de ánimo. Pero una cosa si es segura: Esos problemas no pertenecen ni a mi esposa y mucho menos a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el “árbol de los problemas” cada noche cuando llego a casa. Luego por la mañana los recojo de nuevo, porque tengo que solucionarlos. Lo divertido es, dijo sonriendo el carpintero, que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos problemas como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.
El dueño de la granja se subió a su coche, meditando sobre la estrategia del carpintero para ser más feliz y evitar contaminar el hogar con los problemas laborales. Llegó a la granja y se dispuso a seleccionar su árbol de los problemas. Y desde entones cada vez que llegaba a su hogar ya saben lo primero que hacía.
La isla de las emociones
Erase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: la Alegría, la Tristeza y muchos más, incluyendo el Amor. Todos los sentimientos estaban allí. A pesar de los roces naturales de la convivencia, la vida era sumamente tranquila, hasta previsible. A veces, la Rutina hacía que el Aburrimiento se quedara dormido, o el Impulso armaba algún escándalo; otras veces, la Constancia y la Convivencia lograban aquietar al Descontento.
Un día, inesperadamente para todos los habitantes de la isla, el Conocimiento convocó una reunión. Cuando por fin la Distracción se dió por enterada y la Pereza llegó al lugar de encuentro, todos estuvieron presentes. Entonces, el Conocimiento dijo:- “Tengo una mala noticia para darles... la isla se hunde..."
Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:
- “¡No! ... ¿como puede ser? …¡Si nosotros vivimos aqui desde siempre!!!!”
Pero el Conocimiento repitió:
- “La isla se hunde”
- ¡Pero no puede ser!!! Quizás estás equivocado!!!”
- “El Conocimiento nunca se equivoca -dijo la Conciencia, dandose cuenta de la verdad-. Si él dice que se hunde, debe ser por que se hunde”.
- “Pero... ¿Qué vamos a hacer ahora????” -preguntaron los demás.
Entonces el Conocimiento contestó:
- “Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sujiero que busquen la manera de abandonar la isla.... Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla, desaparecerá con ella”.
-“¿No podrías ayudarnos?”, preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.
- “¡No ! -dijo el Conocimiento-, la Previsión y yo hemos construído un avión y en cuanto termine de decirles esto, volaremos hacia la isla más cercana...”
Las emociones dijeron:
- “¡No! ¡Pero no! ¿Qué será de nosotros???”
Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y, llevando de polizón al Miedo, que no es zonzo y ya se había escondido en el motor, dejaron la isla.
Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero...Todas... Salvo el Amor.
Porque el amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:
- “Dejar esta isla... después de todo lo que viví aquí... ¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? Ahhh.... Compartimos tantas cosas...”
Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio de irse, el Amor se subía a cada árbol, olió cada rosa, se fué hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacer en otros tiempos. Tocó cada piedra...y acarició cada rama...
Al llegar a la playa, excatamente al lugar desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el amor:
-"Quizás la isla se hunda por un ratito... y después resurja.... porqué no???"
Y se quedó días y días midiendo la altura de la marca, para revisar si el proceso de hundimiento no era reversible... Pero la isla se hundía cada vez más...
Sin embargo, el Amor no podia pensar en construir nada, porque estaba tan dolorido que sólo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería. Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande y que, aún cuando se hundiera un poco, él siempre podría refugiarse en la zona más alta.... Cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él...
Así que una vez mas, tocó las piedrecitas de la orilla ... y se arrastró por la arena... y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa... que otrora fuera enorme...
Luego, sin darse cuenta demasiado de su renuncia, caminó hacia la parte norte de la isla, que si bien no era la que más le agradaba, era la más elevada...
Y la isla se hundía cada día un poco más.... Y el Amor se refugiaba cada día en un lugar más pequeño...
- “Después de tantas cosas que pasamos juntos!!!!- le reprochó a la isla.
Hasta que, finalmente, solo quedó una minúscula porción de suelo firme; el resto había sido tapado completamente por el agua.
Recién en ese momento, el amor se dió cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no dejaba la isla, el amor desaparecería para siempre de la faz de la tierra...
Entonces, caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el amor se dirigió a la bahía.
Ya no había posibilidades de construirse una salida como la de todos; había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco ante sus ojos...
Desde allí podría ver pasar a sus compañeras en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguna de ellas lo comprendiera y lo llevara.
Buscando con los ojos en el mar, vio venir el barco de la Riqueza y le hizo señas. Se acercó la Riqueza que pasaba en un lujoso yate y el Amor dijo:
- "Riqueza llévame contigo! … Yo sufrí tanto la desaparición de la isla que no tuve tiempo de armarme un barco"
La Riqueza contestó:
- "No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti, lo siento" y siguió camino, sin mirar atrás...
Le pidió ayuda a la Vanidad, a la que vió venir en un barco hermoso, lleno de adornos, caireles, mármoles y florecitas de todos los colores, que también venia pasando:
- "Vanidad" por favor ayúdame".
y la Vanidad le respondió:
- "Imposible Amor, es que tienes un aspecto!!!!...¡ Estás tan desagradable!!! tan sucio, y tan desaliñado!!!!... perdón pero afearías mi barco…”- y se fue.
Pasó la Soberbia, que al pedido de ayuda contestó:
- "Quítate de mi camino o te paso por encima!".
Como pudo, el Amor se acerco al yate del Orgullo y, una vez mas, solicito ayuda.
La respuesta fue una mirada despectiva y una ola casi lo asfixia.
Entonces, el Amor pidió ayuda a la Tristeza:
- "¿Me dejas ir contigo?".
La Tristeza le dijo:
- "Ay Amor, tu sabes que estoy taaaan triste que cuando estoy así prefiero estar sola"
Pasó la Alegría y estaba tan contenta que ni siquiera oyó al Amor llamarla.
Desesperado, el Amor comenzó a suspirar, con lágrimas en sus ojos. Se sentó en el pedacito de isla que quedaba, a esperar el final... De pronto, el Amor sintío que alguien chistaba:
- " Chst- Chst- Chst..."
Era un desconocido viejito que le hacía señas desde un bote a remos. El Amor se sorprendió:
- "¿Es a mi?"- preguntó, llevándose una mano al pecho.
- “Sí, sí -dijo el viejito-, es a tí. Ven, sube a mi bote, rema conmigo que yo te salvo”.
El Amor lo miró y le quiso explicar...
-"lo que pasó, es que yo me quedé...
- "Ya entiendo" -dijo el viejito sin dejarlo terminar la frase- “Sube!”.
El amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla. No pasó mucho tiempo antes de poder ver como el último centímetro de la isla se hundía y desaparecía para siempre...
- “Nunca volverá a existir una isla como esta! - murmuró el amor, quizás esperando que el viejito lo contradijera y le dira alguna esperanza.
- “No -dijo el viejo- como ésta, nunca; en todo caso, diferentes …!
Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor se sentía tan aliviado que olvidó preguntarle su nombre. Cuando se dio cuenta y quiso agradecerle, el viejito había desaparecido. Entonces el Amor, muy intrigado, fué en busca de la Sabiduría para preguntarle:
- “¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó... Todos los demás no comprendían que hubiera quedado sin embarcación, pero él me salvó, me ayudó y yo ahora, no sé ni siquiera quién es...”
Entonces la Sabiduría lo miró largamente a los ojos, y le dijo:
-"Es el único capaz de conseguir que el amor sobreviva cuando el dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir. Es el único capaz de darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse. El que te salvó, Amor, es El Tiempo....”