lunes, 13 de marzo de 2023

El círculo del 99

 Había una vez un rey que era muy, pero que muy rico, pero muy, pero que muy infeliz. Pasaba los días triste y amargado, sin saber muy bien por qué. Y este rey tenía un sirviente muy humilde pero muy feliz, que trabajaba cantando y le dedicaba siempre a su rey una sincera sonrisa cargada de energía positiva.

El rey no podía entender cómo aquel sirviente, teniendo tan poco, podía ser feliz. Y un día se lo preguntó:

– Dime, ¿cómo es que eres tan feliz? ¿Cómo puedes estar todos los días contento?

– Pues… la verdad es que nunca me lo he planteado, alteza- respondió él dubitativo- No tengo motivos para ser infeliz… tengo lo que necesito. Una casa, comida, vestidos y una mujer que me quiere…

El rey, enfadado, pidió cita con su consejero:

– ¡No entiendo por qué mi sirviente es tan feliz y yo tan infeliz teniendo mucho más! ¿Dónde está el secreto de la felicidad?

– Alteza- dijo entonces el consejero- La explicación no está en lo que su siervo tiene sino en lo que no le falta. Al no faltarle nada para que su vida esté completa, es feliz… Y es porque no entró en el círculo del 99.

– ¿El círculo del 99? ¿Eso qué es?

– Todo el que entra en el círculo del 99 es infeliz… Es muy difícil de explicar… si deja que su sirviente entre en él, lo entenderá.

– Pero… si entra en ese círculo, será infeliz.

– Sí, lo será.

– ¿Y él lo sabrá? ¿Por qué iba a entrar entonces?

– Él sabrá que si entra, será infeliz, pero lo hará.

– Muéstramelo- dijo entonces el rey.

– Bien, para ello necesito una bolsa con 99 monedas de oro. Ni una más, ni una menos.

Y el sirviente entró en el círculo del 99

El rey hizo lo que su consejero le pidió y ambos fueron con la bolsa a la casa del sirviente. Allí, en la puerta, dejaron la bolsa, golpearon la puerta y rápidamente se escondieron para que nos les viera.

El sirviente abrió y al ver la bolsa en el suelo la agarró bien. La agitó y escuchó el sonido de las monedas. Miró a ambos lados y al no ver a nadie, entró con ella en su casa. Se sentó a la mesa junto a la ventana, y el rey y su consejero pudieron ver lo que hacía.

Empezó a colocar las monedas de oro en montoncitos de diez… hasta que comprobó que al último montón, al décimo, le faltaba una moneda para estar completo.

– ¡No puede ser!- gritó extrañado el hombre- ¡Me habrán robado! ¡Solo falta una moneda de oro para llegar a cien!

Frustrado, comenzó a hablar en alto, cada vez más angustiado:

– Tengo que conseguir esa última moneda. Cuando tenga cien monedas de oro, ya no tendré que trabajar más, pero debo completarlo… Si trabajo mucho y hago horas extras… tal vez consiga la moneda de oro en.. ¡12 años! Es mucho tiempo. No, no, no… Vale, puedo pedir a mi mujer que busque trabajo y entre los dos… diez años quizás. Sigue siendo mucho. Venderemos la comida que nos sobre cada día y trajes… también zapatos. ¿Para qué queremos tantos? Con un par tendremos suficiente. Así, tal vez en cuatro años lo consigamos. Sí…

Y así es cómo el siervo entró en el círculo del 99. A partir de ese día, el criado del rey ya no trabajaba cantando, ni dedicaba a todos una sonrisa. No paraba de trabajar y cuando terminaba, seguía trabajando. Llegó un día en que el rey decidió despedirlo, porque no era agradable tener un trabajador tan amargado. Y fue entonces cuando el rey entendió qué significaba entrar en el círculo del 99.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario